Niños y niñas de una residencia del Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia participaron en una nueva jornada de Aula de Mareas, programa de divulgación científica. La actividad, desarrollada en la Estación de Biología Marina Abate Juan Ignacio Molina, permitió a los participantes conocer la biodiversidad del borde costero de Lenga y acercarse al trabajo científico relacionado con la conservación de los ecosistemas marinos.
Acercar el conocimiento científico a la comunidad y despertar el interés por el patrimonio natural son parte de los objetivos de Aula de Mareas, iniciativa que la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) desarrolla en la Estación de Biología Marina de Lenga. En esta oportunidad, la experiencia tuvo un carácter especial al recibir a niños y niñas provenientes de una residencia de Mejor Niñez, quienes pudieron explorar el entorno y conocer distintas especies presentes en las costas chilenas.
La visita surgió a partir de una estudiante de Educación de Párvulos que actualmente realiza su práctica profesional en la residencia y que conocía el valor pedagógico de la Estación de Biología Marina. A partir de esta inquietud, la Facultad abrió sus puertas para que los niños y niñas vivieran una jornada de aprendizaje en contacto directo con la naturaleza.
Durante el recorrido, los participantes exploraron la cantera de Lenga, observaron especies representativas de las costas chilenas a través de acuarios interactivos y conocieron el trabajo que desarrolla el buceo científico para estudiar y conservar los ecosistemas marinos. La jornada finalizó en el Jardín de las Ballenas, donde pudieron apreciar restos óseos de cetáceos.
Para Jean Pierre Molina, periodista de la Facultad de Ciencias, este tipo de actividades constituye una oportunidad para acercar el trabajo universitario a la sociedad y generar conciencia ambiental desde las primeras etapas de la vida. “Muchos de estos niños llevan estos temas a sus casas. Se transforman en los mejores embajadores del respeto por el medioambiente, el cuidado de los animales y el reciclaje”, destacó.
La experiencia fue diseñada para que los propios niños y niñas fueran protagonistas de su aprendizaje. En lugar de seguir un recorrido rígido, la jornada privilegió la observación, la exploración y la interacción con el entorno, adaptando las explicaciones a las distintas edades de los participantes, que iban desde los tres hasta los ocho años.
Uno de los momentos que despertó mayor entusiasmo fue el encuentro con las especies marinas presentes en los acuarios de la Estación. La posibilidad de observar organismos que no forman parte de su vida cotidiana generó preguntas, comentarios y una participación activa durante toda la visita, convirtiendo la experiencia en una instancia de aprendizaje cercana y significativa.


