Patrimonio audiovisual chileno: el legado vivo de Patricio Guzmán

Una sociedad activa valoriza y decide su futuro cuando reflexiona sobre su historia y elige conservar y priorizar su patrimonio.

Particularmente, para el caso del patrimonio audiovisual, los archivos no solo se guardan. No se trata de un inventario de imágenes y películas que se alojan a la espera de alguien que desee verlas. Es la posibilidad de confrontar nuestra historia con los rostros, voces y vivencias de quienes la construyeron.

Este 27 de octubre, Día Mundial del Patrimonio Audiovisual, declarado por Unesco en conmemoración a la adopción de la Recomendación para la Salvaguardia y la Conservación de las Imágenes en Movimiento, es oportuno recordar a Patricio Guzmán Lozanes, fallecido el 15 de septiembre de este año, que nos obliga a pasar del reconocimiento a una pregunta más exigente: ¿Qué podemos hacer para que su legado, reflejado en más de una veintena de películas, siga vivo?

Su trayectoria permite comprender que la memoria necesita tanto una mirada como condiciones materiales para existir. Para filmar “La batalla de Chile”, el cineasta francés Chris Marker le entregó su apoyo en película virgen y producción cuando gestionar apoyos era una dificultad decisiva.

Detrás de esa obra hubo un equipo, recursos y riesgos, donde las imágenes que permanecen contienen también la huella de quienes hicieron posible registrarlas, como su camarógrafo Jorge Muller, que posteriormente desapareció. Preservarlas significa, por tanto, reconocer esa dimensión humana y no solamente su valor cinematográfico.

Desde “El primer año”, “La batalla de Chile”, “La memoria obstinada”, “Nostalgia de la luz”, Guzmán reflexionó sobre un país cuya historia no podía darse por resuelta, donde los territorios se transforman en ausencias, el paisaje del desierto y la inmensidad del mar se convirtieron en preguntas. Su cine no propuso conservar el pasado intacto, sino que examinar profundamente los vínculos con el presente.

El Oso de Plata de Berlín por “El botón de nácar” en 2015 y el Ojo de Oro de Cannes por “La cordillera de los sueños” en 2019, dejan de manifiesto su reconocimiento internacional. Esa última obtuvo, además, el Goya a Mejor Película Iberoamericana en 2022 donde fue el primer documental en recibirlo. En nuestro país, se reconoció su trayectoria con el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales en 2023.

En su libro “Filmar lo que no se ve, filmar lo invisible”, el director señalaba que “fabricamos obras porque nos empuja una visión poética del mundo”. Para quienes formamos a nuevas generaciones de realizadores, esa reflexión recuerda que aprender sobre audiovisual no consiste solamente en dominar herramientas y dispositivos técnicos, sino que suponer construir una mirada y responder ella. Su legado no exige imitarlo necesariamente, sino aprender a descubrir otras historias, escuchar con atención y reconocer que toda imagen implica decisiones fundamentales.

Esta conmemoración insiste en preservar el patrimonio y hacerlo accesible a la ciudadanía. Esa debe ser nuestra tarea cada día, estudiar, restaurar, exhibir y llevar las obras a las aulas como parte de la conversación natural entre estudiantes y nuevas generaciones. También, hacer que esas nuevas voces filmen sus propias preguntas, que se inspiren y conmuevan. Honrar a Guzmán es permitir que la memoria que heredamos pueda dialogar, con la que nuestros jóvenes comienzan a construir.