La participación estudiantil en Semilleros de Investigación aumentó de 36 a 99 estudiantes entre 2024 y 2026. El crecimiento refleja un interés cada vez mayor por acercarse a la investigación desde el pregrado, antes de la tesis o el trabajo final de carrera.
La investigación universitaria suele aparecer ante los estudiantes como una etapa lejana, asociada a postgrados, laboratorios, publicaciones o académicos con trayectoria. Sin embargo, en la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) ese vínculo está comenzando a darse cada vez antes.
Así lo muestran los Semilleros de Investigación UCSC, espacios donde estudiantes se integran a equipos académicos para aprender a investigar desde la práctica. En 2024, la Universidad contaba con 8 semilleros y 36 estudiantes participantes. En 2025, la cifra subió a 11 semilleros y 70 estudiantes. Para 2026, el número llegó a 17 semilleros y 99 estudiantes.
El aumento representa un crecimiento de 175% en la participación estudiantil y de 112,5% en el número de semilleros en dos años. Más allá de las cifras, el fenómeno da cuenta de un cambio en la manera en que las y los estudiantes se relacionan con su formación universitaria: no solo buscan recibir conocimiento en la sala de clases, sino también participar en su construcción.
Ese fue el caso de Ilennia Ibáñez, estudiante participante del Semillero Editorialismo y Literatura del Biobío, quien llegó a esta instancia con un interés previo por la prensa cultural y el patrimonio cultural inmaterial, pero sin tener aún claridad sobre cómo transformar esas inquietudes en una investigación formal.
“La verdad, lo que me motivó a entrar al Semillero de Investigación fue mi interés previo en el área. Ya estaba realizando mis propios estudios, pero aún no sabía cómo darles forma ni cuál era el procedimiento adecuado para una investigación. Entonces, cuando se abrió la convocatoria al Semillero, decidí entrar. Consideré que era una instancia para potenciar lo que venía estudiando, en este caso, sobre la prensa cultural y el patrimonio cultural inmaterial”, relató.
Su experiencia ayuda a entender por qué estos espacios han comenzado a atraer a más estudiantes. Así, los semilleros se presentan como una primera entrada a la investigación.
“Considero que ayuda mucho a la formación académica, en especial a generar un interés propio tanto por lo que uno estudia como por la forma en que lo realiza. Uno se entusiasma con la investigación y, de manera automática, adquiere ciertas habilidades, como tener una libreta de investigación, revisar bibliografía o estudios similares, aprender de metodología y no perder la curiosidad por el objeto de estudio, que diría que es una cualidad elemental para un investigador”, afirmó.
En el caso de Ilennia, el semillero también tuvo un efecto directo en su proceso de tesis, especialmente en la forma de enfrentar la escritura y el rigor académico. “Ser partícipe de un Semillero de Investigación ayuda a que el trabajo que uno realice sea de calidad y uno se esmere por ello. Soy muy cuidadosa con los detalles y eso lo fui aprendiendo en el Semillero, porque cada parte de lo que se diga importa”, expresó.
La estudiante también destacó el aprendizaje de códigos propios del trabajo académico. “Aprendí sobre redacción académica y a hablar con un lenguaje técnico. Recuerdo que el profesor Aguayo me lo recalcaba bastante y con el tiempo fui comprendiendo el motivo, porque en el área en que uno se encuentre hay códigos que se deben manejar. Eso demuestra experiencia e interés”, sostuvo.
Una puerta de entrada a la investigación
Actualmente, los Semilleros de Investigación UCSC tienen presencia en distintas áreas, entre ellas Educación, Medicina, Ciencias Económicas y Administrativas, Estudios Teológicos y Filosofía, Derecho, Ingeniería y Comunicación, Historia y Ciencias Sociales.
Desde la vereda de la Filosofía, la académica Ángela Alarcón, quien está a cargo junto a Francisco Novoa del Semillero de Fenomenología Acontecial, una de las claves está en que estos espacios reducen la distancia que muchas veces existe entre los estudiantes y la investigación.
“Los Semilleros acercan la investigación porque la vuelven una experiencia más cercana y concreta. Muchas veces los estudiantes imaginan que investigar es algo reservado para académicos, laboratorios o publicaciones muy especializadas. Pero en el Semillero descubren que investigar también comienza con una pregunta, con una inquietud, con una lectura que provoca o con una conversación que abre nuevas posibilidades”, señaló.
Desde su perspectiva, el aumento de participación no significa únicamente que haya más cupos o más grupos, sino que existe un interés estudiantil que necesitaba un espacio de ingreso más acompañado. “A veces falta una puerta de entrada más amable, más acompañada y menos intimidante. Los Semilleros ofrecen justamente eso, un espacio donde se puede aprender progresivamente, sin tener que saberlo todo desde el inicio”, explicó.
En esa misma línea, el Dr. Nelson Andrade Valbuena, académico a cargo del Semillero Crea+Innova y Transforma, sostuvo que estas instancias permiten que las y los estudiantes conozcan el proceso investigativo completo, no solo sus resultados finales.
“Trabajamos con los estudiantes en distintas etapas del proceso investigativo: desde la creación y maduración de una idea, la revisión de literatura, la formulación de preguntas, el diseño metodológico, el levantamiento y análisis de datos, hasta la escritura de artículos académicos y, cuando corresponde, la experiencia de enfrentar procesos de revisión por pares”, explicó.
Para el académico, este tipo de participación temprana permite desarrollar habilidades que trascienden la investigación y que también fortalecen la formación profesional: pensamiento crítico, autonomía, trabajo en equipo, argumentación, comunicación de ideas y tolerancia a la retroalimentación.
“Entienden que investigar no es algo inaccesible, sino una forma de mirar la realidad, hacerse buenas preguntas, trabajar con evidencia y aportar desde su propia disciplina”, afirmó.
Aprender a sostener una idea
Desde el Semillero Editorialismo y Literatura del Biobío, el Dr. Eduardo Aguayo Rodríguez explicó que el trabajo con estudiantes se organiza en torno a la integración en investigaciones en curso, la formación teórica y metodológica, y el apoyo a investigaciones autónomas.
Para el académico, una de las habilidades centrales que se fortalece en estos espacios es la autonomía, porque el estudiante deja de depender únicamente de una dinámica de aula y comienza a hacerse responsable de su propio proceso.
“Lo fundamental, a mi juicio, es la autonomía y un cierto compromiso con su propio trabajo que el contexto de aula tiende a debilitar. En la instancia de investigación, cada uno es el responsable directo del logro o fracaso de su labor”, afirmó.
El académico agregó que el rol docente consiste en acompañar, orientar y modelar prácticas que no siempre se aprenden de manera explícita en una asignatura. “Vamos compartiendo en la práctica cómo se hace investigación: formular preguntas de investigación, definir problemas, construir objetivos, diseñar instrumentos, analizar datos, redactar en registro académico”, explicó.
Para él, el principal aprendizaje no está solo en llegar a un producto final, sino en comprender el proceso que permite convertir una inquietud en un trabajo desarrollado con método. “Todos aprenden que la diferencia entre pensar una idea y hacerla realidad pasa por el trabajo y la constancia, que son cosas que nadie les puede prestar”, sostuvo.
Un fenómeno que cruza la formación universitaria
El crecimiento de los Semilleros UCSC muestra una señal relevante para la educación superior regional. La investigación ya no aparece únicamente al final de la carrera, asociada a una tesis, sino que comienza a integrarse antes como una experiencia que permite aprender haciendo.
En estos espacios, las y los estudiantes encuentran un lugar donde sus preguntas pueden transformarse en procesos de investigación, donde se relacionan con docentes desde una lógica más colaborativa y donde aprenden que investigar implica curiosidad, método, lectura, escritura, análisis y constancia.
Para la UCSC, este crecimiento plantea también un desafío institucional: que la generación de conocimiento no quede separada de la formación inicial. En esa línea, los Semilleros de Investigación se han consolidado como una vía para conectar docencia, investigación y acompañamiento académico.
Más que un aumento de cifras, el fenómeno muestra a estudiantes que buscan involucrarse antes, comprender mejor sus disciplinas y aportar desde ellas a nuevas preguntas. En una universidad regional, ese interés temprano por investigar también contribuye a formar profesionales con mayor capacidad crítica, autonomía y compromiso con los desafíos de su entorno.

