La decimocuarta versión del diplomado permitió la formación de profesionales de distintas disciplinas, quienes culminaron su especialización con herramientas para fortalecer el abordaje integral de la salud mental de niños, niñas y adolescentes.
Con la participación de autoridades académicas, docentes, familiares y egresados, se realizó la ceremonia de cohorte de la generación 2025 del Diplomado en Salud Mental del Niño y Adolescente de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), programa desarrollado en conjunto por la Facultad de Medicina y la Dirección de Formación Continua y Servicios. Con 14 versiones ejecutadas, el diplomado se ha consolidado como una instancia de especialización orientada a fortalecer los conocimientos, habilidades y actitudes de profesionales de distintas áreas, entregándoles herramientas para abordar la salud mental de niños, niñas y adolescentes desde una perspectiva integral, anticipatoria y ética.
En este sentido, el decano de la Facultad de Medicina, Patricio Manzárraga, destacó la relevancia de continuar fortaleciendo las capacidades profesionales en un ámbito que representa uno de los principales desafíos de la actualidad. “La salud mental es un tema muy importante para nuestra sociedad, especialmente cuando hablamos de niños, niñas y adolescentes, quienes están más expuestos a distintas situaciones que pueden afectar su bienestar. Por eso, poder formar profesionales capacitados para abordar estas problemáticas de manera integral es fundamental. Estamos muy contentos con esta nueva generación, porque este diplomado ha tenido una muy buena recepción y, a través de sus distintas versiones, ha demostrado la importancia de seguir fortaleciendo las capacidades de quienes trabajan en este ámbito”.
La generación 2025 estuvo integrada por médicos, psicólogos, terapeutas ocupacionales, enfermeros y trabajadores sociales, entre otros profesionales vinculados a la atención y acompañamiento de niños, niñas y adolescentes. Esta diversidad de disciplinas constituye uno de los elementos centrales del programa, considerando la necesidad de abordar la salud mental desde distintas perspectivas y realidades.
Para la directora del Diplomado en Salud Mental del Niño y Adolescente, Silvia Valenzuela, esta diversidad responde a una necesidad que trasciende lo estrictamente clínico. “Los profesionales han visto que este programa responde a una necesidad evidente, tanto científica como social, que es muy urgente. Las cifras muestran la deuda que tenemos con la infancia, y con este programa buscamos aportar desde una mirada humanitaria y, al mismo tiempo, entregar competencias técnicas, porque una sin la otra no sirve”.
La experiencia de los egresados también da cuenta de las distintas dimensiones que aborda esta formación. Catalina Albornoz, médica general de Talca, fue parte de la generación 2025 y valoró especialmente el proceso desarrollado junto a sus compañeros y docentes. “Destaco la formación académica de excelencia que recibimos, pero también las reflexiones que nos hicieron desarrollar como alumnos y que nos permitieron mirar nuestra práctica desde distintas perspectivas. A eso se suma la calidad humana de los docentes, que fue un elemento muy importante durante todo el proceso”.
Desde otra perspectiva, Pía Candia, médica general, relevó la importancia de comprender la salud mental en relación con el territorio. “Tuve la oportunidad de hacer una pasantía en la UCSC y ahí pude conocer y valorar su visión de comunidad, entendiendo que el trabajo en salud no se limita a la consulta, sino que también tiene un impacto en espacios como los hospitales y CESFAM, donde se puede acompañar a los jóvenes de manera más cercana y considerando sus distintas realidades. Si uno no se dedica a los niños, no va a haber un futuro al cual dedicarse; por eso es tan importante preocuparnos hoy de su bienestar”.
A su vez, Michelle Rocha, psicóloga, destacó la posibilidad de llevar los aprendizajes del programa a los desafíos que enfrenta en su ejercicio profesional. “Esta especialización me ha entregado herramientas y reflexiones que son coherentes con la práctica. Me gustó especialmente el enfoque que habla de la salud y de la no salud, porque permite ampliar la mirada y entender que nuestro trabajo no se limita solamente a abordar una enfermedad, sino también a promover el bienestar”.
De esta manera, la ceremonia de cohorte no solo marcó el cierre de un nuevo proceso formativo, sino también la incorporación de 11 profesionales a una comunidad de egresados que, desde distintas disciplinas y espacios de atención, cuentan hoy con nuevas herramientas para contribuir al bienestar y la salud mental de niños, niñas y adolescentes.


