Derrumbe en Lota: las señales que podrían advertir una nueva emergencia

Las lluvias intensas, las características del suelo y la intervención humana pueden aumentar el riesgo de deslizamientos. El monitoreo del terreno y la planificación territorial son claves para prevenir nuevas emergencias.

El derrumbe registrado el 14 de octubre en la carretera Fernando Maira, en Lota, afectó la conectividad del sector y generó preocupación por las familias cercanas. Una masa de tierra de unos tres metros de altura y entre 50 y 80 metros de extensión cubrió las tres pistas de circulación, alcanzó el frontis de una vivienda y dañó un vehículo.

La emergencia motivó evacuaciones preventivas y abrió el debate entre las autoridades sobre la necesidad de declarar estado de catástrofe y reforzar las medidas de prevención.

La preocupación se mantiene ante la llegada de nuevos sistemas frontales. El Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) advirtió sobre el riesgo de remociones en masa en Lota y Arauco, debido a las precipitaciones y tormentas eléctricas previstas para la Región del Biobío.

Según explica el Dr. José Miguel Montenegro, académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), los deslizamientos suelen producirse por la combinación de distintos factores. “Un deslizamiento usualmente no ocurre por un único factor, sino por la combinación de varios”, señala.

Entre las condiciones que pueden influir en Lota, el especialista menciona “la presencia de rocas sedimentarias con estratos de carbón y suelos residuales de roca granítica, además de la pendiente de las laderas y las precipitaciones”. Estas últimas pueden elevar el nivel del agua subterránea y favorecer la pérdida de estabilidad del terreno.

La intervención humana también puede incidir en estos procesos. En el caso del derrumbe, Montenegro identifica la construcción de una carretera que corta la base del talud como un factor relevante. Asimismo, plantea que la historia minera de la zona es un antecedente que conviene considerar.

Grietas y cambios en el terreno: señales de alerta

Observar las variaciones de una ladera puede ayudar a detectar riesgos antes de que ocurra un deslizamiento de mayor magnitud. Entre las principales señales de alerta se encuentran las grietas que aumentan de tamaño y los árboles que comienzan a inclinarse.

“También pueden producirse movimientos lentos del terreno antes de que se desarrolle una inestabilidad mayor”, explica el especialista de la UCSC.

Estos movimientos pueden acelerarse a medida que empeoran las condiciones de estabilidad. Por ello, Montenegro recomienda observar su evolución mediante sistemas de monitoreo periódico o continuo.

Para evaluar el comportamiento de las laderas, el académico enfatiza la importancia de realizar estudios técnicos y mantener registros de las condiciones del terreno. “Para predecir el comportamiento, se requieren estudios de topografía, geotecnia e hidrología y, como se comentó, el monitoreo de la velocidad del movimiento, de la profundidad del nivel freático y del agua caída”, explica.

Además, es posible estimar umbrales de precipitación para distintas unidades geológicas. Esto permite identificar condiciones que podrían favorecer un deslizamiento y aportar antecedentes para tomar decisiones oportunas, como evacuar sectores expuestos o cerrar caminos de manera preventiva.

En esa línea, el especialista destaca la importancia de contar con información actualizada para gestionar emergencias. “La información recopilada puede ser muy valiosa para decidir si evacuar una zona o cerrar una vía de comunicación en un momento crítico”, advierte.

Planificación territorial y obras para prevenir deslizamientos

La prevención también requiere incorporar los riesgos geológicos en la planificación territorial. En este ámbito, Montenegro considera importante actualizar los planes reguladores comunales e identificar los sectores susceptibles a deslizamientos mediante una zonificación que permita orientar las decisiones y las políticas públicas.

A nivel local, existen distintas soluciones de ingeniería para mejorar la estabilidad de las laderas. Entre ellas se encuentran reducir la pendiente del talud, disminuir la infiltración de agua, controlar su movimiento en el subsuelo, construir muros de contención y reforzar el terreno mediante anclajes.

Al respecto, el académico detalla: “Las soluciones habituales van en la medida de lo comentado: reducir el ángulo de talud, reducir la infiltración y el movimiento del agua en el interior del terreno, construir muros de contención, reforzar el terreno mediante anclajes u otras soluciones”.