El devastador mega incendio que afecta a las regiones de Ñuble y Biobío, con víctimas fatales, personas damnificadas y un profundo impacto en comunidades completas, ha puesto en evidencia que las emergencias no solo se miden en pérdidas materiales. Junto al combate del fuego y a los esfuerzos de reconstrucción, surge un desafío menos visible pero igualmente urgente: el impacto psicológico que estas catástrofes generan en quienes las viven de manera directa o indirecta, y que puede extenderse mucho más allá del término de la emergencia.
En este contexto, el Dr. Cristian Neira, académico de la Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), explica que frente a una catástrofe como un incendio de gran magnitud “nuestro cerebro activa los sistemas de supervivencia, especialmente el sistema límbico, encargado de la regulación emocional y la respuesta al peligro. Cuando esta activación es intensa, es completamente esperable que aparezcan reacciones como miedo, angustia, tristeza, rabia, irritabilidad, confusión, desborde emocional o una sensación de alerta permanente, junto a alteraciones del sueño y cansancio físico”.
Desde la psicología, el especialista enfatiza que uno de los principales objetivos en situaciones de emergencia es ayudar al cerebro a salir de ese estado de alarma constante. Para ello, recomienda “mantener rutinas básicas dentro de lo posible, como horarios regulares de alimentación, descanso e higiene, ya que estas acciones entregan señales de estabilidad que favorecen la regulación emocional. A esto se suma la importancia del apoyo social, ya que conectar con otras personas reduce el estrés y ayuda al sistema nervioso a sentirse seguro”, explica el especialista UCSC.
Otro aspecto clave es moderar la exposición a la información. Según el académico, la sobreexposición a noticias, imágenes o relatos del desastre puede mantener al cerebro en alerta, como si el peligro siguiera ocurriendo. En contraste, focalizarse en tareas concretas y posibles; organizar el día, cuidar a otros o colaborar en acciones comunitarias, permite recuperar una sensación de control, fundamental para el afrontamiento emocional.
Respecto del impacto en niños, niñas y adolescentes, el Dr. Neira advierte que su regulación emocional depende en gran medida de los adultos que los rodean. Por ello, recomienda evitar silencios prolongados o mensajes contradictorios, ya que la falta de información clara aumenta la ansiedad y la inseguridad. “Explicar lo ocurrido con honestidad y palabras simples, adecuadas a su edad, les ayuda a organizar lo que están viviendo, sin necesidad de entregar detalles innecesarios que puedan generar más temor”, señala el académico.
Por otro lado, el experto destaca la importancia de escuchar sus preguntas, validar sus emociones y transmitirles que hay adultos a cargo de su cuidado y protección es otro elemento central. “Nombrar emociones como el miedo o la tristeza permite que niños y adolescentes comprendan lo que sienten y aprendan que esas reacciones son normales”. Asimismo, el académico destaca que “el juego, el dibujo o las conversaciones espontáneas son formas naturales de procesar experiencias difíciles y deben ser respetadas y facilitadas”.
Finalmente, el psicólogo entrega recomendaciones generales de cuidado de la salud mental para las familias afectadas directa o indirectamente por los incendios. En este sentido, subraya que “el malestar emocional es una reacción esperable frente a una situación extrema y que cada persona tiene su propio ritmo de adaptación. Forzar una recuperación rápida puede aumentar el desgaste emocional”.
Hablar de lo ocurrido, mantener los vínculos y evitar el aislamiento favorece la regulación del estrés a nivel familiar, al igual que cuidar el descanso y generar pequeños espacios de calma. No obstante, el experto enfatiza que, si aparecen señales de alerta como retraimiento extremo, desorientación persistente o ideas de hacerse daño, es fundamental buscar apoyo profesional oportunamente. “La salud mental es un componente central del proceso de recuperación y reconstrucción, tanto a nivel individual como comunitario”, concluye.
Desde una mirada complementaria, la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) ha reforzado también el acompañamiento espiritual como parte del proceso de contención. Al respecto, el Director de la Pastoral UCSC, Pbro. Víctor Álvarez, destacó que “en momentos de profundo dolor y pérdida, el acompañamiento espiritual se vuelve fundamental para entregar consuelo y esperanza”. En esa línea, señaló que “la Comunidad Universitaria se ha unido en oración por las víctimas y por las familias afectadas, reafirmando su compromiso de brindar contención integral, tanto emocional y espiritual, a estudiantes y trabajadores como a la comunidad en general”.
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