La formación técnica se ha consolidado en los últimos años como una de las principales vías de acceso a la educación superior en Chile, reflejando una creciente valoración de este tipo de programas formativos por parte de los estudiantes. En paralelo, el sistema de educación superior continúa expandiéndose. De acuerdo con el Servicio de Información de Educación Superior (SIES) de la Subsecretaría de Educación Superior, en 2025 la matrícula total alcanzó 1.455.639 estudiantes, registrando un crecimiento del 5% respecto del año anterior.
Dentro de este escenario, la formación técnico-profesional ocupa un lugar relevante, según antecedentes del Ministerio de Educación, el 44,7% de los estudiantes del país se encuentra matriculado en instituciones técnico-profesionales de educación superior, como institutos profesionales y centros de formación técnica.
Del total de estudiantes del sistema, las universidades concentran cerca del 59% de la matrícula, mientras que los institutos profesionales reúnen el 30,5% y los centros de formación técnica el 10,5%, lo que evidencia la presencia significativa de la formación técnico-profesional dentro de la educación superior chilena.
Este modelo formativo, además, comienza antes de la educación superior. Según el Ministerio de Educación, junto al programa “Educación Técnico Profesional: rumbo a un desarrollo sostenible”, en Chile 168.413 estudiantes cursan actualmente la enseñanza media técnico-profesional en 974 establecimientos educacionales, lo que da cuenta de la magnitud de este sistema formativo en el país.
A nivel territorial, la formación técnica también cumple un rol estratégico en el desarrollo regional. Según el Observatorio Laboral Biobío, la región se caracteriza por una fuerte presencia de sectores productivos como la industria, la logística, el ámbito forestal y los servicios, donde la preparación de técnicos especializados resulta clave para responder a las necesidades del mercado laboral y fortalecer la competitividad del territorio.
En este contexto, diversas instituciones de educación superior han fortalecido su oferta académica orientada a áreas vinculadas con los requerimientos del entorno productivo. En la región, el Instituto Tecnológico de la Universidad Católica de la Santísima Concepción lleva 31 años desarrollando programas formativos en ámbitos como salud, educación, administración, servicios y tecnología, contribuyendo a la formación de capital humano pertinente para los territorios del Biobío y Ñuble.
La Directora del Instituto Tecnológico, Claudia Mora, destaca la relevancia de la educación técnico-profesional dentro de la Universidad, señalando que “siempre es fundamental mantener una estrecha vinculación con las necesidades del entorno social y productivo. Como institución, tenemos el propósito de generar un impacto en los territorios donde estamos presentes. En ese sentido, contamos con modalidades formativas como Aprendizaje + Servicio, que permiten a los estudiantes vincularse con problemáticas reales, comprenderlas y abordarlas, conectándose con las necesidades del entorno y buscando soluciones desde una perspectiva de servicio”.
En este escenario, la Estrategia Nacional de Educación y Formación Técnico Profesional del Ministerio de Educación advierte diversos desafíos para el sistema en Chile. Entre ellos se encuentran fortalecer la pertinencia de la formación en relación con las necesidades del desarrollo social y productivo del país, mejorar la articulación entre los distintos niveles formativos y el mundo del trabajo, y avanzar hacia trayectorias educativas más flexibles que favorezcan el acceso, la permanencia y la movilidad de las personas.
Asimismo, la estrategia plantea consolidar una gobernanza más coordinada entre los actores del sistema, incorporando un enfoque inclusivo y de equidad de género que permita ampliar las oportunidades de desarrollo para todas las personas.
En esta línea, se proyectan metas al año 2050 orientadas a fortalecer estos desafíos, junto con impulsar el desarrollo profesional docente, la actualización de infraestructura y la incorporación de innovación en las instituciones formadoras, con el objetivo de asegurar una educación técnico-profesional de calidad y con mayores oportunidades para el desarrollo del país.