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Cuando recordar es vital para cuidar lo conquistado

Por Cecilia Gutiérrez Contreras, Académica Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias Sociales

Hablar del Día de la mujer, para mí, no es solo un ejercicio simbólico o un hito en el calendario: es, ante todo, memoria. Memoria que nos permite recordar las conquistas iniciales, pero también las logradas en los últimos 30 años, y particularmente en el periodo en que estuve vinculada al mundo obrero y sindical, cuando aún no se hablaba de género, equidad o corresponsabilidad, pero sí de dignidad.

En 1995, como parte del programa Mujer y Trabajo de la Vicaría de Pastoral Obrera, al alero del Arzobispado de Concepción, inicié un camino acompañando a cientos de mujeres dirigentas y trabajadoras de sectores como servicios, retail, agrícola, casa particular, comercio, industria, pesca, educación y salud. Recuerdo relatos que daban cuenta de la realidad de esos años: mujeres obligadas a utilizar pañales para no interrumpir la cosecha o la atención en una caja; trabajar con el agua hasta las rodillas en plantas pesqueras; desempeñarse sin horario en casas particulares; o presentar una prueba de embarazo para ingresar a una faena. Si a esto sumamos el hostigamiento o acoso sexual, el resultado era una mezcla devastadora que afectaba la salud física y mental de muchas mujeres y, sobre todo, su dignidad.

Eran tiempos duros e injustos, en los que muchas mujeres sostenían sus hogares en condiciones de abuso naturalizadas, cargando cansancio y desesperanza, pero también una valentía silenciosa y un coraje inquebrantable.

Mucho ha cambiado desde entonces, y es justo reconocerlo. Hoy existen leyes, políticas y un lenguaje que nombra lo que antes era invisible. Sin embargo, no debemos olvidar que lo que hoy parece evidente es fruto del testimonio y del trabajo de esas mujeres que abrieron camino, hablaron y se organizaron para transformar esas realidades.

Ahora bien, no todo pertenece al pasado. Aún existen desigualdades y brechas; la diferencia es que hoy podemos nombrarlas y denunciarlas. A veces son más sutiles, pero igualmente desgastantes. Resulta curioso escuchar hablar de complementariedad del trabajo de la mujer cuando la realidad muestra que casi la mitad de los hogares en Chile es sostenida por una de ellas. Algo similar ocurre con la corresponsabilidad, entendida como una distribución equitativa de responsabilidades, cuando las mujeres dedican el doble de horas al trabajo doméstico que los hombres, horas que suelen salir de su descanso y bienestar.

Ante este panorama, creo muy relevante mirarnos entre nosotras. En nombre del liderazgo, muchas veces adoptamos formas que terminan invalidando a otras mujeres, reproduciendo las mismas lógicas de exclusión que buscamos transformar. Por eso, este 8 de marzo les invito a recordar de dónde venimos y a valorar lo que se ha ido logrando.

La memoria cumple un papel fundamental, pues recordar no es quedarse en el pasado, sino valorar y cuidar lo construido, velando para que ningún derecho que contribuya a la dignidad de las personas y especialmente de las mujeres vuelva a ponerse en duda. Recordar también es reconocer a quienes abrieron camino cuando casi nadie hablaba de estos temas y cuando muchas injusticias parecían normales. Gracias a su valentía hoy contamos con derechos, leyes y mayor conciencia social. Por eso, cuidar lo conquistado y seguir avanzando no es solo una tarea política o institucional, sino también un compromiso cotidiano con la dignidad de todas las mujeres. Hoy y mañana también…