Este mes se cumple un año desde la elección del entonces Cardenal Robert Francis Prevost como el 267° Papa de la Iglesia Católica. Su llegada al pontificado sorprendió al mundo entero. En medio de semanas de especulaciones, análisis y proyecciones sobre un cónclave que muchos anticipaban largo y complejo, la decisión de los cardenales fue rápida y recayó en un nombre que prácticamente no aparecía entre los favoritos de la prensa internacional.
Para el académico de la Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Dr. Arturo Bravo, esa sorpresa inicial ya anticipaba un pontificado distinto, pues “hubo un verdadero ‘diluvio’ de publicaciones sobre quién podía ser elegido y sobre lo complejo que sería el cónclave. Sin embargo, todos esos cálculos terminaron fracasando porque la elección fue rápida y no apareció ninguno de los nombres que dominaban los titulares. Eso ya mostraba que la Iglesia estaba buscando algo diferente”.
En apenas un año, el Papa León XIV ha desarrollado un pontificado intenso, marcado por múltiples gestos pastorales, documentos magisteriales y declaraciones públicas que han tenido repercusiones internacionales. “Ya cuesta hacer un balance porque ha sido un pontificado extraordinariamente prolífico y con repercusiones políticas impensadas para tan poco tiempo”, sostiene el Dr. Bravo, destacando la rapidez con que el pontífice ha instalado temas como la paz, la pobreza y la dignidad humana en el debate público internacional.
Continuidad con Francisco y mirada latinoamericana
Para el Director del Centro de Debate Público UCSC, Francisco Fuentes, uno de los elementos más visibles de este primer año ha sido la continuidad con la línea pastoral impulsada por Francisco. A su juicio, “el Papa León XIV ha demostrado ser un continuador de la línea pastoral del Papa Francisco en materias como la migración, el acompañamiento a países y territorios en vías de desarrollo y la paz mundial”, manteniendo además “una especial sensibilidad por la tarea pastoral de la Iglesia”, algo que, afirma, se relaciona con “su cercanía con Latinoamérica, sus singularidades y sus anhelos”.
Fuentes también destaca que el pontífice ha continuado impulsando transformaciones internas en el Vaticano, particularmente en la reorganización de la Curia Romana, buscando “dotarla de una institucionalidad acorde con los cambios históricos y tecnológicos actuales”, en un contexto donde la Iglesia enfrenta desafíos culturales y sociales cada vez más complejos.
Fe y razón en el centro del pontificado
Uno de los aspectos que más ha llamado la atención del nuevo Papa es su formación académica. El Pontífice es licenciado en Matemática, una característica poco habitual entre los pontífices contemporáneos y que, para el Dr. Arturo Bravo, tiene un valor simbólico importante en el mundo actual, ya que “su propia biografía muestra que ciencia y fe no se excluyen”. En tiempos donde muchas veces se presenta la religión como algo irracional o contrario al conocimiento científico, el académico sostiene que la figura del Papa rompe con ese prejuicio y propone una mirada donde ambas dimensiones dialogan.
Esa visión quedó reflejada desde el inicio de su pontificado. En la homilía pronunciada el 9 de mayo de 2025, apenas un día después de ser elegido, el Papa León XIV advirtió que “son muchos los contextos en los que la fe cristiana se considera un absurdo, algo para personas débiles y poco inteligentes”. Para Bravo, el mensaje deja en evidencia que el pontífice “no plantea una fe ingenua ni desconectada del mundo, sino una fe que dialoga con la razón y que también reconoce que la ciencia requiere confianza, búsqueda y apertura”.
“Dilexi te” y la opción por los más vulnerables
Uno de los hitos más importantes de este primer año fue la publicación de la Exhortación Apostólica Dilexi te, documento iniciado por el Papa Francisco durante sus últimos meses de vida y concluido posteriormente por León XIV. el Dr. Arturo Bravo define el texto como un escrito “a cuatro manos”, comparable a lo ocurrido con Lumen fidei, encíclica comenzada por Benedicto XVI y terminada por Francisco.
El documento profundiza la opción preferencial por los pobres y plantea que el compromiso social no es accesorio para la Iglesia, sino parte esencial del Evangelio. Bravo explica que el Papa “insiste en que la teología patrística era profundamente práctica y apuntaba a una Iglesia pobre y para los pobres”, agregando que uno de los elementos más potentes del texto es que “el Evangelio sólo se anuncia bien cuando toca la carne de los últimos y que el rigor doctrinal sin misericordia termina siendo una palabra vacía”.
En otro de los pasajes destacados de la exhortación, el Papa León XIV recuerda que en el Antiguo Testamento Dios aparece como “amigo y liberador de los pobres”, denunciando las injusticias cometidas contra los más débiles. Para el académico, existe allí “una crítica muy fuerte a toda forma de religiosidad que separa culto y justicia social”, recordando que, según la tradición profética bíblica, “rezar mientras se oprime a los pobres es algo aberrante para Dios”.
Asimismo, el Dr. Bravo destaca que el Papa comprende la opción preferencial por los pobres no como exclusión de otros grupos, sino como una expresión concreta de fraternidad humana. “Lo que hace es subrayar que Dios se conmueve frente al sufrimiento humano y pide a la Iglesia una opción firme por quienes viven discriminación, violencia o pobreza”, explica.
La paz como eje de su liderazgo mundial
Otro de los aspectos más visibles del pontificado de León XIV ha sido su permanente llamado a la paz en medio de un escenario internacional marcado por guerras y conflictos humanitarios. Sus declaraciones durante el Domingo de Ramos de este año tuvieron amplio impacto internacional, especialmente cuando afirmó que “Jesús, Rey de la paz. Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento”.
Para el Dr. Arturo Bravo, esas palabras representan uno de los rasgos más profundos del pontífice, ya que “ha denunciado con mucha claridad lo que podríamos llamar una ‘teología de la opresión’, es decir, el intento de justificar religiosamente la violencia, la guerra o la dominación sobre otros”. A su juicio, la fortaleza de León XIV no radica en discursos estridentes, sino en una convicción “serena y profundamente evangélica”, porque entiende que “seguir a Jesús implica tomar posición frente a la injusticia, defender el bien común y proteger a los más vulnerables”.
En esa misma línea, Francisco Fuentes considera que el principal impacto del pontífice ha estado en el ámbito diplomático y moral, pues “ha reposicionado la necesidad de entender la moral como eje fundante de las relaciones humanas”. Según explica, el Sumo Sacerdote ha asumido un rol relevante como autoridad ética global “al cuestionar la guerra, plantear reparos éticos frente al avance de la inteligencia artificial y, sobre todo, interpelar a los principales liderazgos del mundo para visibilizar los grandes dilemas que aquejan a las sociedades actuales”.
Una Iglesia encarnada en la historia
Durante este primer año, el Papa también ha reforzado una idea que ha repetido en distintas catequesis y audiencias: la Iglesia no puede vivir desconectada de la realidad humana. En marzo pasado afirmó que “no existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino solamente la única Iglesia de Cristo encarnada en la historia”. Para Bravo, esa frase resume buena parte del espíritu de este pontificado, porque “la fe cristiana no puede vivirse al margen del sufrimiento, de las injusticias o de los conflictos humanos. La Iglesia tiene que estar presente ahí, acompañando, denunciando y construyendo esperanza”.
Esa misma línea volvió a aparecer recientemente, cuando el Pontífice afirmó que la Iglesia tiene la misión de “pronunciar palabras claras para rechazar todo lo que mortifica la vida” y de ponerse del lado “de los pobres, los explotados, las víctimas de la violencia y de la guerra”.
A un año de su elección, el pontificado de León XIV comienza a consolidarse como una etapa marcada por una fuerte preocupación social, una defensa decidida de la paz y una Iglesia que busca volver constantemente al centro del Evangelio: la dignidad de toda persona humana.