Dulzura de una Madre - UCSC
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Dulzura de una Madre

Por Monseñor Bernardo Álvarez

“Madrecita mía,
madrecita tierna,
déjame decirte
dulzuras extremas.
Es tuyo mi cuerpo
que juntaste en ramo;
deja revolverlo
sobre tu regazo …”

Con estos versos cargados de una sencillez profunda y un cariño filial, Gabriela Mistral comenzaba “Dulzura”, de su poemario Ternura. La obra invita a reconocer el milagro de la vida generada en el seno de una madre; y al cuerpo, don que se vuelve a entregar sobre su regazo en un gesto de amor absoluto. Estas expresiones llenas de contenido aluden al reconocimiento de una relación fundante en la vida de toda persona: la maternidad, una vocación por excelencia consagrada a la donación de sí.

Cada mayo brotan del corazón y el pensamiento sentimientos de amor, ternura, gratitud y gozo que nos vinculan con nuestra madre y con su entrega cotidiana. La presencia de una madre nos acompaña toda la vida: desde el momento de la concepción y la acogida en el seno materno, los cuidados en la infancia, la formación en la adolescencia y juventud, hasta llegar a la compañía serena y comprometida en la vida adulta. Este recorrido vital manifiesta la expresión de una vocación sublime, un amor fiel, desinteresado capaz de engendrar vida siempre.

El Papa León XIV, a quien recordamos con afecto en el primer aniversario de su pontificado, compartió el domingo del Buen Pastor su mensaje por la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, titulado: “El descubrimiento interior del don de Dios”, enfocado en iluminar la dimensión interior de la llamada vocacional. Según sus palabras, la vida alcanza una belleza singular cuando descubrimos que somos llamados interiormente. La llamada de Dios trasciende los gustos, las modas o las propuestas del mercado. Es una llamada que responde a lo más profundo de nuestro ser y que es revelada por Cristo, gracias al cultivo de la vida interior en el silencio y la contemplación se puede acoger el don de la vocación.

En este contexto, las palabras del Papa en su homilía con motivo del Día de la Madre adquieren una resonancia especial. Durante el rezo del Regina Caeli envió un saludo lleno de afecto “a todas las madres, con una oración por ellas y por las que ya están en el cielo”. En un tiempo marcado por la prisa, la incertidumbre y el individualismo, recordó la necesidad de valorar la ternura, el cuidado y la capacidad de entrega que las madres representan silenciosamente en millones de familias.

Para que este sentido de vida aflore en las nuevas generaciones, el acompañamiento y testimonio son claves. La familia es un lugar óptimo para apreciar y conocer el don de la vocación de cada uno de sus miembros, en el seno del hogar somos queridos, respetados y valorados para desplegar los mejores dones y talentos. Un ejemplo histórico de ello, es el relato de San Agustín de Hipona, quien en sus Confesiones agradecía a su madre, Santa Mónica, por darle el don de la vida y luego gracias al don de su fe perseverante, hasta las lágrimas, el don de la vida cristiana: “Mas no callaré lo que mi alma me sugiera de aquella tu sierva que me engendró en la carne para que naciera a la luz temporal y en su corazón a la eterna”.

Por ello, elevamos nuestra gratitud por el don inmenso e inapreciable de las madres. Que la ternura de su fe y la fuerza de su amor incondicional puedan encender la llama en el corazón de los jóvenes, necesitados no sólo de pan y sustento, sino también cariño. Que descubran, en esa luz, la brújula que orienta hacia una existencia llena de sentido, marcada por la entrega generosa y el servicio al prójimo.