Con una Eucaristía celebrada en la Capilla Santa María Reina, la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) dio inicio al Mes de la Solidaridad, en una jornada marcada por la presencia de la reliquia de San Alberto Hurtado y por un profundo llamado a renovar el compromiso con la dignidad humana y el servicio a los más vulnerables.
La ceremonia fue presidida por Monseñor Bernardo Álvarez Tapia, Vice Gran Canciller de la UCSC y Obispo Auxiliar de Concepción, quien centró su homilía en la manera en que la experiencia de Dios transforma el corazón y se expresa a través de las acciones concretas de las personas.
“A través de nuestras manos podemos ser co-creadores y co-partícipes de la acción de Dios”, expresó Monseñor Álvarez, invitando a la comunidad universitaria a reconocer que la fe auténtica siempre se traduce en gestos de amor y servicio.
Durante la celebración, la reliquia de San Alberto Hurtado fue expuesta sobre el altar, convirtiéndose en un signo visible de la presencia espiritual del santo chileno y de su permanente llamado a vivir una caridad comprometida con la realidad social.
En su reflexión, Monseñor recordó que el fundador del Hogar de Cristo no solo destacó por su acción solidaria, sino también por haber contribuido decisivamente a formar la conciencia social del país. “San Alberto Hurtado ha sido un personaje decisivo en la historia de Chile y un gran aporte a la conciencia social de nuestro país”, señaló.
Un desafío para el mundo universitario
Dirigiéndose especialmente a estudiantes, académicos y funcionarios, el Vice Gran Canciller destacó que el sacerdote jesuita supo desafiar a la juventud universitaria de su tiempo para acercarse a la realidad concreta de las personas y leerla a la luz del Evangelio. “San Alberto Hurtado fue una persona inquieta, que se dejó interpelar por las grandes preguntas de su tiempo. Y eso es justamente lo propio del espíritu universitario”, afirmó.
En ese contexto, recordó la pregunta que marcó la vida del santo chileno: “¿Qué haría Cristo si estuviera en mi lugar?”, señalando que hoy ese discernimiento debe proyectarse también hacia los desafíos contemporáneos, especialmente aquellos relacionados con la tecnología y la cultura digital.
“Quizás hoy San Alberto Hurtado nos preguntaría: ¿qué haría Cristo en esta era digital?”, planteó Monseñor Álvarez, vinculando el pensamiento del Padre Hurtado con las reflexiones actuales de la Iglesia sobre la inteligencia artificial y el cuidado de la dignidad humana.
Un signo de esperanza para la comunidad universitaria
La Eucaristía incluyó además un gesto especialmente significativo para la vida institucional. Como símbolo de esperanza, unidad y solidaridad, se hizo entrega de un cirio a los integrantes de los Comités de Clima de la Universidad, para que pueda acompañarles en sus respectivos espacios de trabajo como recordatorio permanente del cuidado mutuo y la construcción de ambientes fraternos.
La iniciativa buscó destacar el rol que cumplen estos comités en la promoción de una convivencia universitaria basada en el respeto, la colaboración y la preocupación por las personas, en sintonía con los valores que inspiraron la obra de San Alberto Hurtado.
“Este gesto simbólico con cada comité de clima es una muestra de la importancia que tiene la solidaridad para la Comunidad Universitaria, un acto que está presente en nuestro día a día en cada espacio de trabajo a través del compañerismo y respeto por cada compañero y compañera de trabajo”, destacó Manuela Vásquez, integrante del comité DIRCOM.
Visita a la camioneta verde
Al término de la Eucaristía, la comunidad universitaria pudo acercarse a la histórica camioneta verde utilizada por San Alberto Hurtado en su labor social. Estudiantes, funcionarios y académicos visitaron este emblemático vehículo, símbolo de la cercanía del santo con las personas más necesitadas, antes de que continuara su recorrido hacia la comuna de Florida.
La jornada formó parte de las actividades organizadas por la UCSC para vivir el Mes de la Solidaridad, un tiempo destinado a promover la reflexión, el servicio y el compromiso con el prójimo, inspirados en el testimonio siempre actual de San Alberto Hurtado y en su permanente búsqueda de una sociedad más justa, digna y fraterna.