La pobreza que persiste: Biobío sobre la media nacional - UCSC
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La pobreza que persiste: Biobío sobre la media nacional

Por Silvia Martínez Gorricho, académica Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas UCSC

Los resultados de la Encuesta Casen 2024 nos entregan una noticia alentadora y otra que invita a la reflexión. Por un lado, Chile continúa avanzando en la reducción de la pobreza por ingresos. Por otro, la Región del Biobío registra una tasa de pobreza de 19,3%, superior al promedio nacional de 17,3%. Esta cifra significa que más de 325 mil personas viven hoy con ingresos insuficientes para satisfacer sus necesidades básicas.

Las cifras son importantes. Orientan las políticas públicas y permiten evaluar el progreso del país. Pero la verdadera pregunta no es cuántas personas son pobres, sino por qué una región con tradición industrial, importantes universidades, abundantes recursos naturales y una ubicación estratégica continúa exhibiendo niveles de pobreza superiores al promedio nacional.

Durante gran parte del siglo XX, la región del Biobío fue uno de los principales motores productivos de Chile. La manufactura, la siderurgia, la actividad forestal y la pesca generaron empleos estables y permitieron que generaciones enteras construyeran su proyecto de vida mediante el trabajo digno. Sin embargo, el prolongado proceso de reconversión productiva de las últimas décadas, las brechas territoriales entre zonas urbanas y rurales, el envejecimiento demográfico y las dificultades para atraer inversión han debilitado la capacidad de la región para generar oportunidades. A ello se suman limitaciones en el acceso a la educación, la capacitación y empleos de calidad, reduciendo las posibilidades de movilidad social.

Esta realidad nos recuerda una verdad sencilla: las transferencias de ingresos son indispensables para proteger a quienes enfrentan situaciones de mayor vulnerabilidad. Pero, por sí solas, no bastan para superar la pobreza de manera permanente. Tampoco basta con que la economía crezca si ese crecimiento viene acompañado de empleos precarios y mal remunerados. Superarla exige una economía regional más dinámica, capaz de impulsar la innovación, fortalecer el capital humano y crear empleos dignos para que las personas puedan desarrollar sus talentos y construir su propio proyecto de vida.

Esta reflexión encuentra un profundo eco en el pensamiento de San Alberto Hurtado. Cuando afirmaba que «la miseria es un atentado contra la dignidad humana», nos recordaba que la caridad no podía limitarse a aliviar el sufrimiento, sino que debía preguntarse por las causas que lo producen. Socorrer al que necesita ayuda es un deber ineludible; trabajar para que cada vez menos personas necesiten esa ayuda es una exigencia de la justicia. La justicia crea oportunidades; la caridad acompaña a quienes todavía no pueden acceder a ellas.

Los resultados de la Casen nos interpelan a todos: a las autoridades, llamadas a fortalecer las capacidades productivas de la región; al mundo empresarial, cuya inversión e innovación son indispensables para un desarrollo inclusivo; a las universidades, responsables de formar el capital humano del futuro; y también a las comunidades cristianas, llamadas a reconocer en cada persona el rostro de Cristo.

Una sociedad progresa verdaderamente cuando el desarrollo económico se traduce en más oportunidades y mayor dignidad para todos. La pobreza interpela nuestra solidaridad; su persistencia interpela nuestra responsabilidad. Solo cuando ambas caminan juntas podremos avanzar hacia ese desarrollo humano integral al que aspira la doctrina social de la Iglesia y que la región tanto necesita.