Cuando pedir ayuda también tiene género - UCSC
Blog Género Blog Salud

Cuando pedir ayuda también tiene género

Por Camila González Vera, Psicóloga Dirección de Género UCSC

Cada septiembre, al hablar de prevención del suicidio, recordamos la importancia de pedir ayuda, conversar sobre aquello que nos duele y acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles. Son mensajes necesarios.

El suicidio no ocurre al margen de la sociedad. Entre los factores que configuran estas experiencias también está el género. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que no existe una explicación única para este fenómeno y que su prevención requiere respuestas integrales en las que todos y todas podemos colaborar.

A nivel mundial, los hombres mueren por suicidio con mayor frecuencia que las mujeres, mientras que ellas presentan, mayor ideación y conductas suicidas no fatales. El género no determina que una persona vaya a suicidarse, pero sí puede influir en las formas en que aprendemos a vivir el sufrimiento, expresarlo, buscar ayuda y enfrentar una crisis. Reconocer estas diferencias permite identificar barreras socioculturales para pedir ayuda, derribar estigmas y desarrollar estrategias de prevención más pertinentes. En esta línea, la evidencia en salud mental muestra que transformar los espacios educativos y comunitarios en entornos de escucha temprana marca la diferencia en la prevención oportuna.

“Tengo que poder”

En Chile, entre 2010 y 2019 se registraron 15.290 muertes por suicidio en hombres y 3.398 en mujeres, según datos del Ministerio de Salud: aproximadamente cuatro hombres por cada mujer.

Estos datos nos llevan a mirar los mandatos asociados a determinadas formas de masculinidad: autosuficiencia, control, fortaleza y capacidad de resolver los problemas de manera independiente. Algunas normas pueden dificultar la expresión emocional y la búsqueda oportuna de apoyo.

Una pérdida laboral, una enfermedad, un duelo, una separación o la soledad pueden poner a prueba la idea de que “tengo que poder”. Prevenir también significa ampliar las formas en que los hombres pueden expresar vulnerabilidad sin sentir que pierden su identidad.

“Tengo que sostenerlo todo”

Mirar el género en el suicidio tampoco puede significar hablar únicamente de hombres. Las mujeres han asumido históricamente una responsabilidad desproporcionada por los cuidados y, muchas veces, por el bienestar emocional de quienes las rodean.

Cuidar implica también recordar, anticipar, organizar y estar disponible. La “carga mental” se distribuye de manera desigual. La distribución desigual del tiempo, el descanso y las responsabilidades también forma parte de las condiciones en que se construye la salud mental. Esta dinámica se replica en las comunidades universitarias, donde la presión académica y las expectativas de rendimiento pueden invisibilizar el malestar del estudiantado.

Esta perspectiva exige considerar también a quienes enfrentan discriminación, rechazo o aislamiento por desafiar las normas dominantes de género. Por ello, la prevención requiere entornos seguros que validen la vulnerabilidad y faciliten pedir ayuda de manera oportuna.

En las comunidades universitarias, el cuidado de la salud mental no es responsabilidad exclusiva de los especialistas, sino que requiere un entorno capaz de escuchar, acoger y conectar con los apoyos disponibles. Desde esta perspectiva, docentes, funcionarios y estudiantes cumplen un rol clave en la detección temprana y en la posibilidad de brindar acompañamiento sin juzgar. Ejemplo de ello son las iniciativas de formación de “Gatekeepers”, estudiantes de la propia comunidad capacitados para reconocer señales de alerta, ofrecer una primera respuesta y orientar hacia las redes de apoyo. Así, la red de pares puede constituir una primera línea de cuidado y prevención basada en los vínculos cotidianos.

Chile cuenta con la Estrategia Nacional para la Prevención del Suicidio 2025–2034 y con la línea *4141 de prevención del suicidio, disponible las 24 horas, los siete días de la semana. Prevenir no puede descansar exclusivamente en las capacidades individuales. También necesitamos transformar las condiciones sociales que hacen más difícil pedir ayuda.

En septiembre hablamos de señales de alerta, de acompañar y de romper el silencio. Hagamos también otras preguntas: ¿por qué para algunas personas la vulnerabilidad puede ser compartida y para otras se vive como vergüenza? ¿Por qué algunas tienen tiempo y redes para cuidarse, mientras otras sostienen el cuidado de todos los demás?

La prevención del suicidio con enfoque de género nos invita a mirar los mandatos, desigualdades, cuidados, vínculos y trabajos que pueden influir en la manera en que sufrimos y buscamos apoyo. Pedir ayuda no debería ser una prueba de fortaleza. Construir una sociedad donde hacerlo sea posible, oportuno y libre de estigmas es una tarea colectiva.