“Estamos viviendo cambios culturales que han tocado de manera muy profunda la vida de las personas. Son cambios que también han alcanzado el modo de relacionarse con la sociedad, con Dios, con la Iglesia y con la autoridad en general. Este fenómeno se percibe, por ejemplo, en el poco interés de los jóvenes por participar en procesos eleccionarios y en militar en un partido político, y en lo que a la Iglesia se refiere, al constatar que año a año disminuye el número de
personas que se declara católico y que participa en la vida sacramental. Sólo el número de liturgias de exequias no ha
variado sustancialmente.
En estas páginas he intentado describir algunas características de esta nueva cultura. El propósito es pensar desde estas nuevas categorías culturales la importante y hermosa tarea de anunciar el Evangelio que se nos ha confiado como Iglesia, de modo especial a los ministros ordenados. Ello nos debiese conducir a descubrir y potenciar aquellos métodos y expresiones que debemos mantener, aquellos que debemos impulsar con más fuerza y aquellos
que decididamente debemos cambiar. Este cambio cultural, definido como un cambio de época más que como una época
de cambios, está muy bien descrito en las enseñanzas de los últimos tres pontífices. Los obispos de Chile en su momento
hablaron de un nuevo paradigma de la realidad cultural.
Este análisis pretende ser realista, apartándose por tanto de un pesimismo estéril de suyo inconducente, y de un optimismo ingenuo que nos aparta de lo que realmente acontece en Chile, el mundo y nuestra Iglesia”.