Un millón y medio de jóvenes, más adultos, sacerdotes y obispos en Lisboa junto al Papa Francisco nos llena de esperanza. Los días previos hubo oración, encuentros fraternos y mucha esperanza.
Fueron de todas partes del mundo, los unía la fe en Jesucristo, la pertenencia a la Iglesia y la búsqueda de construir desde la fe una sociedad más a la altura de la dignidad del ser humano. Ninguna institución convoca tantos jóvenes, de lugares tan distintos y en torno a un ideal que está en sus corazones y que no extingue, el ideal del Evangelio que es paz, justicia, solidaridad, fraternidad.
De Chile fueron un buen número. De Concepción unos doscientos y me consta que muchos de ellos estuvieron juntando dinero desde hace cuatro años.
El Papa les habló con claridad y sin ambigüedades a que asuman un rol protagónico en la historia, que para ello tienen que prepararse, conocer el mundo y sobre todo acercarse a los pobres para servirlos, hasta dar la vida por ellos.
El Papa los invitó a levantarse una y mil veces si caen y a asumir con más convicción su presencia en el mundo que no es otra que la presencia del mismo Dios que se hace presente en la Iglesia.
Es notable que el Papa -de 86 años y en silla de ruedas- convoca a los jóvenes, les da metas altas, los anima a no caer en la apatía, en el gris pragmatismo, en la indiferencia. Y eso los jóvenes lo escuchan con atención porque sencillamente concuerda con lo más profundo de su ser.
La presencia de cada uno de estos jóvenes en Lisboa nos anima a seguir trabajando por ellos y junto a ellos.
También, el encuentro de Lisboa nos devuelve la esperanza en el futuro en medio de tanta violencia. De seguro que Lisboa no pasará a ser un evento religioso más. Estoy seguro que se extenderá por cuatro años en todas partes del mundo hasta el próximo encuentro en cuatro años más. Por de pronto, nosotros ya estamos organizando la peregrinación a Yumbel donde miles de jóvenes se acercan a San Sebastián para rezar, compartir entre ellos y decirle a la Región que la fe está viva.
Tal vez más viva que nunca.