El gran signo de Navidad: “Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” - UCSC
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El gran signo de Navidad: “Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre”

Por Monseñor Bernardo Álvarez

Estamos a pocos días de celebrar una de las fiestas más esperadas del año: la Navidad. Tradicionalmente, las familias se disponen en sus hogares para vivir esta celebración con amor y dedicación. Se coloca el árbol de Navidad, el pesebre, las luces y los adornos; todo el entorno adquiere nuevos colores, sentimientos y aromas que anuncian la llegada de la Navidad.

La Iglesia nos invita, en este tiempo, a considerar que el nacimiento de Jesucristo necesita ser preparado. Durante cuatro semanas vivimos el tiempo litúrgico del Adviento. Un signo muy querido de este período es la preparación y creación de coronas de ramas verdes con cuatro cirios, que se van encendiendo progresivamente domingo a domingo. La intensidad creciente de su luz va dando testimonio de la disposición personal y comunitaria para recibir al Salvador, la luz del mundo, capaz de iluminar todas las oscuridades que han marcado nuestra historia.

El Papa León XIV nos regaló una hermosa catequesis el 6 de diciembre, orientada a preparar la próxima Navidad. La propuesta del Sumo Pontífice, subraya que esperar es participar, definiendo la espera del Adviento no como una actitud pasiva de brazos cruzados, sino como un verdadero “programa de vida”, en el que nos involucramos activamente en los sueños de nuestro Padre Todopoderoso y en su historia. Esta perspectiva resalta el valor de prepararse y aprender a reconocer al Señor en lo cotidiano, pues, al ser el “Dios-con-nosotros”, Jesús sale a nuestro encuentro en las situaciones, problemas y bellezas del día a día, invitándonos a trabajar junto a Él.

León XIV renueva, además, la llamada del Concilio Vaticano II, que nos enseña a leer los signos de los tiempos. Nos recuerda que nadie puede hacerlo solo, sino juntos, en la Iglesia y con muchos hermanos y hermanas. Esta es la mejor manera de interpretar los acontecimientos de nuestro tiempo. Los cristianos, con una mirada creyente, estamos llamados a aproximarnos a las circunstancias históricas para descubrir en ellas la presencia de Dios y la llegada de su Reino, lo que exige buscar al Señor con inteligencia, corazón y compromiso en el mundo actual.

El Adviento nos ayuda a disponer el corazón para celebrar la Navidad con sentido y no solo como una fiesta más del año. Navidad es volver la mirada al misterio de Dios, la gran pregunta existencial de la historia y el anhelo más profundo de la humanidad. Es el acontecimiento en el que ese misterio del Creador se revela de un modo inesperado: “Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 12). Aquello que parecía inalcanzable para nuestras capacidades humanas se puede ver y contemplar, se puede acoger y abrazar, un pequeño niño acostado en un pesebre, el Emmanuel, el Mesías, el Cristo, la Palabra de Dios, su Hijo, se ha hecho carne y ha puesto su tienda en medio de nuestro campamento: El gran regalo de Dios para su pueblo.

Vivamos durante estos días una vigilante y atenta espera de la manifestación del misterio de Dios en Jesucristo, acompañemos a María y a José en su camino bendito, cultivemos la oración y el silencio, gestos de caridad y solidaridad con sentido y, sobre todo, apreciemos la majestuosidad de la entrega que nuestro Padre Creador nos da, la inocencia representada en un niño, símbolo de la esperanza, la paz y fe, hechos carne, cuerpo y alma.