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Azúcar o endulzante: ¿Qué hacemos ahora?

Por Mariel Lobos Farías, académica Facultad de Medicina UCSC
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Hace unos días, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó una nueva directriz en relación con el uso de edulcorantes no calóricos. Esta guía aconseja no utilizar este tipo de productos para el control del peso corporal o para la reducción del riesgo de enfermedades crónicas no trasmisibles, refiriéndose en específico a la sacarina, stevia, sucralosa, acesulfamo de potasio y aspartamo.

Inmediatamente se encendieron las alarmas y cuestionamientos, especialmente por parte de los profesionales del área de la nutrición, las personas con enfermedades crónicas y el público en general. La verdad es que esta sugerencia no deja a nadie impávido, especialmente si recordamos que este tipo de aditivos surgieron como alternativa a una alta ingesta de azúcares, ingesta que ha sido relacionada con el incremento en el sobrepeso y la obesidad, configurando un problema que afecta a cerca del 40% de la población adulta y también a millones de niños a nivel mundial, lo que hoy en día sustenta su amplio consumo como remplazo del azúcar en alimentos y bebidas en distintos grupos etarios.

Esta nueva recomendación se basa en los hallazgos de una revisión sistemática de la evidencia disponible y fundamentada en estudios que, hasta el momento no han logrado demostrar el efecto beneficio esperado del consumo de edulcorantes, como sería la reducción de la grasa corporal en adultos o niños, advirtiendo además acerca de “posibles efectos indeseables a largo plazo”, aludiendo a un mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y a la mortalidad en adultos.

No obstante, los estudios en los cuales se basa esta recomendación son hasta el momento más bien débiles, de carácter observacional y no indican la causalidad, por tanto, no es posible precisar que los edulcorantes causaron los efectos indeseados o que tal vez las personas que presentan alguna de estas enfermedades tienden a consumir más endulzantes por sugerencia o recomendación. Por tal razón, se trata solo de una recomendación, siendo necesario un mayor número de ensayos clínicos randomizados para poder demostrar con más fuerza dicha directriz.

Así mismo, es importante destacar que esta nueva guía OMS está orientada a la población en general y excluye a las personas que presentan diabetes, en las cuales sí se han evidenciado beneficios. Adicionalmente, ésta pretende complementar y en ningún caso reemplazar a la guía anterior respecto de los niveles seguros o máximos de ingesta de edulcorantes no calóricos. Finalmente, hay que enfatizar que no han sido incluidos en esta recomendación otros edulcorantes como los polioles (manitol, xilitol, sorbitol) ni alulosa o tagatosa, de los cuales hay menos evidencia disponible hasta el momento.

Entonces, azúcar o endulzante ¿Qué hacemos ahora? La invitación es a estar atentas y atentos, y mientras tanto intentar disminuir el dulzor de los alimentos que se consumen, reduciendo al máximo posible la ingesta de azúcares y alimentos que los contengan, favoreciendo por otro lado el consumo de vegetales con un dulzor natural, como es el caso de las frutas. Otra buena estrategia consistiría además en restringir el consumo de aditivos edulcorantes, que si bien no aportan calorías, si pueden incrementar la ingesta alimentaria de una forma engañosa y en consecuencia, afectar el control de las enfermedades crónicas no trasmisibles. Es importante mencionar que, el efecto del consumo de edulcorantes en la salud de las personas a largo plazo, es aún objeto de estudio.

Reducir el sabor dulce en los alimentos en cualquiera de sus formas, debiese ser la recomendación más simple y menos contradictoria.