Por muchos años, el emprendimiento ha sido considerado como una las variables críticas para el crecimiento y desarrollo de las economías. Su relevancia es incuestionable, lo que ha llevado a diversas entidades –públicas, académicas o privadas– a medir y examinar frecuentemente este fenómeno social. Estos esfuerzos son necesarios para proveer información esencial para el diseño o mejoramiento de las políticas públicas y/o de los programas orientados a robustecer la actividad emprendedora y su ecosistema.
En este contexto, el proyecto del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) nos ha permitido observar la evolución del emprendimiento, tanto en Chile como en nuestra Región. Los últimos datos muestran hallazgos más que interesantes, al revelar que la sociedad chilena acepta y valora cada vez más la iniciativa emprendedora. De hecho, según el último reporte nacional del GEM, el 80% de los adultos de entre 18 y 64 años ven el emprendimiento como una opción legítima de carrera. Este no es un dato para ser ignorado: simboliza un gran potencial, al tiempo que plantea desafíos sustanciales para nuestra región.
Uno de los desafíos críticos de la educación chilena actual es la promoción de una cultura emprendedora en todos los niveles de formación. En Chile, particularmente en los niveles de enseñanza básica y media, la educación emprendedora rara vez ha logrado alcanzar una valoración positiva por parte de los expertos. Es clave que la educación chilena haga esfuerzos para fomentar la capacidad creativa, las habilidades tecnológicas y digitales, y estimular la iniciativa y toma de decisiones. Esto permitiría elevar las expectativas y potencial de crecimiento de los futuros emprendedores de nuestro país.
El caso de la región del Biobío es especialmente significativo, dado que cuenta con uno de los mayores contingentes de estudiantes universitarios del país. Esto coloca a las universidades de nuestra región frente a una oportunidad de realizar un cambio paradigmático en la formación, atendiendo la valoración positiva del emprendimiento por la población adulta. Es necesario que las casas de estudios consideren esta tendencia y midan la intensión emprendedora entre sus estudiantes. Esto será la base para implementar o fortalecer programas de formación emprendedora complementarios, que inspiren nuevas iniciativas más innovadoras, más sostenibles y con mayores posibilidades de crecimiento y expansión.
El acceso al financiamiento constituye otro de los retos significativos para los emprendedores, y es un elemento crucial para la creación y crecimiento de los proyectos empresariales. Aunque existe una percepción positiva sobre el apoyo financiero público, todavía queda un amplio margen de mejora por parte del sector financiero privado y otras redes empresariales según los expertos. Facilitar el acceso al capital es esencial: una mayor disponibilidad o acceso a recursos financieros podría derivar en un surgimiento notable de proyectos emprendedores con verdadero potencial de crecimiento.
Finalmente, aunque existen múltiples retos para el emprendimiento en Chile. Uno de los más importantes es la adopción de prácticas sostenibles. El reporte del GEM destaca que muchos emprendedores chilenos priorizan la dimensión social y ambiental en sus negocios. No obstante, es fundamental comprender cómo se están ejecutando estas prácticas, con el fin de optimizar su efectividad. La sostenibilidad y responsabilidad empresarial no sólo debe ser parte del núcleo de la educación emprendedora, sino que debe ser un eje central en estos tiempos, donde la falta de transparencia o corrupción puede obstruir el avance e implementación de prácticas empresariales genuinamente sostenibles.