Cuando Chile implementó la Ley 20.606 de Etiquetado de Alimentos, el objetivo era claro: enfrentar las altísimas tasas de obesidad a través de información nutricional clara y restricciones al marketing alimentario. Antes de su aprobación, nuestro país registraba un 78% de adultos con exceso de peso, una cifra alarmante que exigía una respuesta distinta. Así, desde 2016, los alimentos procesados con exceso de calorías, azúcares, grasas saturadas o sodio comenzaron a exhibir sellos frontales de advertencia “ALTO EN”, se prohibió su venta en colegios y se restringió su publicidad dirigida a menores de 14 años.
Chile fue pionero en el mundo con este modelo de etiquetado frontal obligatorio. Fuimos el primer país en advertir de forma directa y visible sobre los alimentos menos saludables, combinando sellos claros, restricción de publicidad infantil y mejoras en el entorno alimentario. Este enfoque integral ha sido internacionalmente destacado y replicado en países como México, Perú e Israel.
A más de diez años de su implementación, los datos muestran cambios concretos. Estudios basados en ventas reales evidencian que los hogares redujeron significativamente la compra de alimentos y bebidas poco saludables. Por cada dólar gastado, antes de la ley se adquirían en promedio 27 gramos de azúcar; tres años después esa cifra cayó por debajo de los 25 gramos, junto con una reducción cercana al 7% en las calorías compradas. Esta disminución se explica tanto porque las familias comenzaron a preferir alimentos sin sellos como porque muchas empresas reformularon sus productos para evitar el descriptor “ALTO EN”.
En el caso de niños, niñas y adolescentes, los cambios se han observado principalmente en el hogar. Cerca del 50% de los padres abandonó la compra de algún alimento por la presencia de sellos, y en los hogares con menores de 14 años la compra de bebidas con azúcar cayó un 15,3%, mientras aumentó la de bebidas con edulcorantes no calóricos. Además, productos habituales de colación infantil redujeron su contenido de azúcar entre un 6% y un 17% tras la ley.
Sin embargo, el panorama actual sigue siendo preocupante. Hoy, cerca de la mitad de todos los menores en edad escolar en Chile tiene exceso de peso. El grupo más crítico es el de 10 a 14 años, donde el 46% presenta sobrepeso u obesidad. Estas cifras están muy por encima de las metas sanitarias originales y reflejan un problema que va más allá del etiquetado.
La obesidad infantil es un fenómeno multifactorial. Influyen el nivel socioeconómico, la educación de los padres, los ambientes obeso-génicos en el hogar y la escuela, el sedentarismo (con un 56,9% de niños y adolescentes físicamente inactivos) y una cultura de consumo donde el gusto y la
costumbre siguen pesando. La persistencia de estos factores explica por qué muchos niños siguen consumiendo dietas con alta carga energética pese al etiquetado frontal.
La ley ha entregado herramientas objetivas al consumidor y ha generado cambios reales. El desafío ahora es avanzar más allá del envase y construir entornos que hagan posible elegir sano desde la infancia.