Mujeres escritoras: Mistral y de la Parra - UCSC

Mujeres escritoras: Mistral y de la Parra

Por Froilán Ramos Rodríguez, académico Departamento de Historia y Geografía UCSC

Durante abril se celebra internacionalmente el Mes del Libro, mes que reconoce como mes del libro por la conmemoración de grandes autores universales, dando origen a una celebración internacional que promueve la lectura y el valor cultural de los libros. En este mes se conmemora también el natalicio de la Premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral. Es, por tanto, un buen momento para recordar y reflexionar sobre las mujeres escritoras latinoamericanas, y especialmente sobre dos de las figuras más importantes del siglo XX: la propia Mistral y la venezolana Teresa de la Parra.

Ambas plasmaron en sus letras miradas y singularidades que solo las mujeres sudamericanas de su época podían aportar. Sus esfuerzos en un mundo literario dominado por hombres constituyen hoy un testimonio único.

En 1889 nacieron Mistral y de la Parra, con apenas seis meses de diferencia. Por un lado, Lucila Godoy en el Valle del Elqui, en el seno de una familia modesta; por otro, Ana Teresa Parra Sanojo en París, hija de padres venezolanos. A pesar de sus distintos orígenes y trayectorias formativas, ambas desarrollaron desde temprano una profunda atracción por la lectura y la escritura. Lucila aprendió a leer gracias a su hermana y tuvo una formación en gran medida autodidacta, mientras que Ana Teresa recibió una educación formal en colegios privados en España.

Durante la década de 1920, ambas escritoras coincidieron en Francia, donde entablaron una relación marcada por el intercambio intelectual y una sincera amistad. Con el tiempo, Mistral destacó como una poeta excepcional, de sensibilidad profunda y proyección internacional, especialmente atenta a la situación de las mujeres de su tiempo. Obras como Desolación (1922) y Lecturas para mujeres (1924) dan cuenta de sus preocupaciones intelectuales. Por su parte, de la Parra sobresalió como una novelista ingeniosa y de pluma ágil. Sus obras Ifigenia (1924) y Memorias de Mamá Blanca (1929) sitúan en el centro a protagonistas femeninas, retratando con agudeza las aspiraciones y frustraciones de las mujeres latinoamericanas.

En esos años, Mistral dedicó a de la Parra dos célebres “recados”. En uno de ellos escribió: “es probable que Minerva haya sido como ella”, aludiendo a su elegancia, belleza y mirada. Sin embargo, este vínculo epistolar se vio truncado por la temprana muerte de Teresa de la Parra, víctima de tuberculosis en 1936. La pérdida dejó una profunda huella en Mistral, quien la llamaba “mi Teresa” y subrayó con dolor: “Yo no sabía cuánto, cómo, hasta dónde, quise a esta Teresa”.

Más allá de sus obras y trayectorias individuales, conviene detenerse en el lazo intelectual y humano que ambas tejieron. Mistral y de la Parra representan una experiencia singular dentro de la literatura latinoamericana en Europa durante su tiempo: voces femeninas que lograron abrirse paso para expresar las inquietudes, anhelos y tensiones de las mujeres sudamericanas frente a los moldes sociales, educativos y familiares establecidos. Mistral desde la poesía; de la Parra, desde la novela; ambas, además, a través de conferencias, cartas y colaboraciones en prensa.

Mistral y de la Parra han dejado huellas imborrables en la literatura iberoamericana. Pero quizá uno de sus legados más significativos sea su dimensión humana: sus miradas sobre las mujeres y su propia relación intelectual y fraterna como escritoras sudamericanas. Sin duda, aún queda mucho por leer y aprender de estas dos grandes figuras de las letras americanas.