Pese a que la sociedad al parecer camina de espaldas a la religión, cada año en una nueva Semana Santa aparecen ofertas de viajes, de productos del mar, hay feriados laborales y hasta los más alejados de la fe cristiana practican alguna tradición en esta fecha tan especial del calendario. Todo ello es indicativo de una cultura cristiana que está presente en el acervo tradicional y se niega a desaparecer en plena contemporaneidad laica.
En nuestro país, se mantienen las celebraciones litúrgicas del “Domingo de Ramos” y el “Triduo Pascual”; pero, además, hay otras tradiciones que la gente ha ido practicando y que se han mantenido “religiosamente” cada año. Éstas son de distinta naturaleza. Así, por ejemplo, -hoy ligada más al turismo y organizada por un municipio- tenemos “la quema de Judas” que se realiza en los cerros de Valparaíso. Consiste en construir, por parte de los vecinos, una imagen de Judas, que se hace de madera y trapos de unos cuatro metros de altura. Se le agregan cientos de pequeños papeles escritos con los pecados de la gente y en una gran fiesta nocturna se quema completamente la imagen.
Otra tradición que se resiste a desaparecer es la de “comer pescados y mariscos”. Hoy vemos que cada año las pescaderías y marisquerías suben sus precios, y tienen la mayor demanda de todo el año. Se piensa equivocadamente que durante Semana Santa hay que consumir estos productos y no comer carne. ¿De dónde viene esta idea? Lo hace de un mandamiento de la Iglesia que prohíbe comerla durante este tiempo.
Este precepto es muy antiguo y su objetivo es que el fiel haga un acto de privación personal en estos días y no se alimente de “carne”, porque en otros tiempos su consumo era un privilegio de sólo algunos. Pero hoy se ha pasado al otro extremo, no se come carne, sin embargo, se hacen grandes banquetes con productos del mar, con lo cual, no se está logrando el propósito de privación personal por el sacrificio de Cristo.
Finalmente, mencionar una tradición que cada vez tiene más adeptos: “los huevos y conejos de chocolate”. Nos ha llegado de Estados Unidos principalmente y, como bien sabemos, estos se esconden el Domingo de Resurrección para que los niños los encuentren y disfruten de ellos. El huevo y el conejo son dos símbolos de vida que han estado presentes, ya desde las antiguas culturas e incluso este animal está relacionado con una diosa mesopotámica transmisora de la vida y la fertilidad.
Sin embargo, en el contexto actual, las figuras de los huevos y el conejo se asocian a cuento urbano, creado para los niños. En él se narra que en el momento de la resurrección de Jesús estaba presente un conejo como testigo de todo lo acontecido y que este animalito fue dejando escondidos huevos para que, al encontrarlos, supieran que Jesús había pasado de la muerte a la vida.