Una década de REC – UCSC
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Una década de REC

Por Rodrigo Pincheira Albrecht, académico Periodismo UCSC

No me acuerdo con exactitud. Pero en el 2007 o 2008 Manuel y Sergio Lagos conversaron conmigo para imaginar un gran festival en Concepción. Ellos sabían lo importante que habían sido Rock al Sur del Mundo o el Grito de Fin de Siglo, por ejemplo, pero su sueño era mayor. Era en grande. Les dije que estaban dadas todas las posibilidades pero que debía tener algo que lo diferenciara del resto, algo propio, algo de acá. Ese es REC que celebra diez años. Una década en el que más allá del bullicio, las cuentas alegres, el contexto socioeconómico y la ola mediática vemos un campo sugerente y desafiante.

El REC es respetado y cuidado por las personas, los que van y los que no van. Hay una conducta tácita de educación cultural, más allá de cualquier incidente menor inevitable. Se activa aquello que en otras partes se llama ciudadanía cultural con sus derechos y deberes. Quizás se deba a la ampliación y profundización que nos han dado las políticas culturales desde los noventa en adelante. O a cierta madurez y comprensión acerca del papel relevante que juegan el Estado, el gobierno e instituciones como el municipio penquista, la seremi de cultura y el Teatro Biobío, por ejemplo. Y también a que la ciudad y su gente ha entendido el valor y el significado cultural, social y económico que tiene la música popular. Allí donde se articulan valores de comunidad, territorio, enunciación, identidad, cohesión social y arte. Ronda también cierto orgullo pencopolitano. Ese conjunto de rasgos y comportamientos de nuestra identidad penquista. Somos de Conce y hacemos esto, parece ser la premisa para mostrar las luces del festival gratuito más grande de Chile.

Esta década también instala a REC en una magnífica red en que Concepción luce el título de ciudad creativa, ciudad de la música. El festival dialoga con las orquestas regionales, la comunidad del jazz, las músicas urbanas y la tradición campesina. Si bien al comienzo se convocaron a las tribus del rock exclusivamente, la parrilla actual es más diversa y reúne a todos con un público familiar y transversal. Tal vez el festival debería extenderse todo el año para posicionarlo aún más en la comunidad social, cultural, educacional y empresarial.

Cuando las luces se apaguen y el sonido se cruce con el silencio en el Biobío, el rumor del agua guardará la memoria de la música popular penquista como una forma de construir lo real, lo simbólico y lo imaginario.