Una nueva política deportiva para Chile: una oportunidad que debemos convertir en realidad - UCSC
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Una nueva política deportiva para Chile: una oportunidad que debemos convertir en realidad

Por Carlos Matus Castillo, académico Departamento de Ciencias del Deporte y Acondicionamiento Físico UCSC

Por: Dr. Carlos Matus Castillo, Director Depto. de Ciencias del Deporte y Acondicionamiento Físico de la Universidad Católica de la Santísima Concepción.

Integrante del Observatorio de Acompañamiento Técnico de la Política Nacional de Actividad Física y Deporte 2026-2037 (Ministerio del Deporte).

El 9 de julio se publicó en el Diario Oficial la Política Nacional de Actividad Física y Deporte 2026-2037. Se trata de una noticia importante para el país, porque busca enfrentar dos problemas que Chile arrastra desde hace décadas: los elevados niveles de inactividad física y las desigualdades que determinan quiénes pueden acceder al deporte y en qué condiciones.

Durante 2024 y 2025 participé en su proceso de actualización como integrante del Observatorio de Acompañamiento Técnico del Ministerio del Deporte. Este trabajo recogió las opiniones de más de 24.000 personas, entre ellas mujeres, niños, niñas y adolescentes, pueblos indígenas, personas con discapacidad, deportistas y representantes de diversas instituciones. Escuchar estas voces fue relevante, porque las políticas públicas no siempre incorporan las experiencias de quienes viven diariamente los problemas que buscan resolver.

Y el problema es grave. Según la Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte 2024, el 59,6% de las personas adultas no realiza la actividad física mínima recomendada durante su tiempo libre. Entre niños, niñas y adolescentes, el incumplimiento llega al 92,5%. Detrás de estos porcentajes no solo existen decisiones individuales, también influyen el territorio, los ingresos, las jornadas laborales, la seguridad de los espacios públicos y las oportunidades que ofrecen las escuelas y municipalidades.

Si las causas son diversas como se indica, la respuesta no puede limitarse a aumentar el número de talleres o campañas de difusión. Se necesita una mirada que vincule la actividad física y el deporte con la salud, la educación, el desarrollo urbano y la vida de las comunidades. La política avanza en esa dirección y reconoce que construir una sociedad activa exige la participación de diferentes instituciones y sectores. Las municipalidades y las organizaciones deportivas de base cumplen aquí un papel insustituible. Son ellas las que sostienen buena parte de la actividad deportiva en barrios y comunas, muchas veces con presupuestos insuficientes, equipos profesionales reducidos e infraestructura inadecuada. Reconocer su importancia es un avance, pero ese reconocimiento debe traducirse en financiamiento estable, mejores capacidades de gestión y mayor coordinación con el MINDEP y el IND.

También debemos revisar cómo se evalúan las iniciativas públicas, ya que durante años hemos conocido cuántas personas ingresan a un programa, pero no siempre sabemos si continúan practicando, mejoran su condición o disminuyen las brechas de acceso. Por eso resulta valiosa la creación del Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación y la posibilidad de contar con un Observatorio con autonomía técnica. La información obtenida debe servir para ajustar programas, orientar los recursos y rendir cuentas a la ciudadanía.

Nada de esto será posible si el desafío queda únicamente en manos del MINDEP e IND, ya que el trabajo intersectorial requiere el compromiso de los sectores de Educación, Salud, Vivienda y Transportes, además de los gobiernos regionales y las municipalidades.

Dentro de esos desafíos, uno merece especial atención: la equidad de género, la cual debe pasar de ser un principio declarado a traducirse en acciones concretas. Esto supone garantizar oportunidades de práctica para mujeres y niñas, distribuir equitativamente los recursos, prevenir las violencias y aumentar la representación femenina en los espacios de decisión deportiva.

En definitiva, la publicación de esta política abre una oportunidad, pero no garantiza por sí misma los cambios. En 2037 tendremos que preguntarnos si vivir en una comuna rural, ser mujer, pertenecer a un hogar de menores ingresos o encontrarse en situación de discapacidad dejó de significar tener menos oportunidades para llevar una vida activa físicamente. Esa será la verdadera medida de su éxito.