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Una tarea pendiente

Por Carlos Matus Castillo, académico Departamento de Ciencias del Deporte y Acondicionamiento Físico UCSC
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Durante los últimos años las diversas encuestas nacionales que han estudiado los hábitos y el comportamiento sobre la actividad física y deporte en la población chilena realizadas por el Instituto Nacional de Deportes (IND) muestran un estancamiento en la participación de las personas en las diversas organizaciones deportivas reconocidas por la Ley del Deporte. Este escenario es preocupante, especialmente considerando que el Registro Nacional de Organizaciones Deportivas solo cuenta con 4.550 (14.9%) organizaciones legalmente vigentes, de un total de 30.439 instituciones a nivel nacional, que incluyen clubes deportivos, ligas, asociaciones y federaciones deportivas, entre otras.

En este contexto, es importante destacar el papel fundamental que desempeñan las organizaciones deportivas voluntarias en la sociedad actual. Estas ofrecen oportunidades para practicar deporte a personas de todas las edades y capacidades, sin importar su situación económica o social. Además, promueven un sentido de comunidad y pertenencia, contribuyendo a la construcción de comunidades sólidas al unir a las personas y fomentar estilos de vida saludables. Estas organizaciones se rigen por principios democráticos, ya que sus líderes son elegidos voluntariamente por sus miembros, lo que garantiza que sean responsables ante las personas a las que sirven. También son de naturaleza voluntaria, lo que significa que los miembros son libres de unirse o renunciar en cualquier momento. Además, estas instituciones son autónomas e independientes del gobierno y de terceros, lo que les permite tomar decisiones sobre cómo alcanzar sus objetivos sin estar sujetas a presiones políticas y financieras.

Otros beneficios que puede aportar un buen tejido asociativo basado en organizaciones deportivas son: reducir la delincuencia y la violencia; promover la inclusión y diversidad social; mejorar los resultados educativos; mejorar la salud física y mental; impulsar el desarrollo económico; enseñar habilidades valiosas para la vida, como el trabajo en equipo, liderazgo y deportividad; también ayudan a promover la tolerancia y la comprensión, ya que personas de diferentes orígenes se unen para compartir sus intereses deportivos o de actividad física; permiten que las personas participen en la toma de decisiones en sus organizaciones deportivas ayudando también a construir una ciudadanía más comprometida e informada. Las organizaciones deportivas también son fundamentales para el desarrollo del tejido social, entendido como las redes de relaciones y confianza que existen dentro de una comunidad, ya que permiten que las personas se unan para resolver problemas, compartir recursos y construir un futuro mejor.

El apoyo y “atención” de las instituciones públicas, como el Ministerio del Deporte, los Gobiernos Regionales y las municipalidades, más las empresas privadas, es importante para la asociatividad deportiva, dado que ayuda a garantizar que las organizaciones provenientes del “tercer sector o sector voluntario” dispongan de las condiciones y recursos que necesitan para funcionar eficazmente, colaborando así al desarrollo de políticas públicas que busquen mejorar la calidad de vida de la población. Por lo tanto, es urgente que la institucionalidad deportiva nacional establezca incentivos y estrategias que fomenten la participación ciudadana en estas organizaciones y reduzcan el alto número de organizaciones que están desapareciendo.