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Académicos y Gran Canciller analizaron "la Inteligencia Artificial a escala humana"

«La Inteligencia Artificial (IA) a escala humana ¿Es posible?» fue el título del segundo webinar organizado por la Arquidiócesis de Concepción en Conjunto con la Vicerrectoría de Vinculación con el Medio de la Universidad Católica de la Santísima Concepción. El encuentro online se realizó vía Zoom, y las redes sociales de ambas instituciones, con la participación del Arzobispo de Concepción y Gran Canciller de la UCSC, Monseñor Fernando Chomali, los académicos Dra. Silvia Restrepo, y Dr. Yasmany Prieto, ambos de la Facultad de Ingeniería, y la periodista y moderadora, Paula Gutiérrez.

La jornada comenzó con la ponencia de la Dra. Restrepo quien, junto con explicar qué se entiende por la IA, la tecnología que está detrás de su desarrollo, y su evolución histórica, señaló algunas de las áreas que han avanzado en esta materia, como los sistemas multi agentes -que permiten simular un actor, con sensores y acciones correspondientes-; la visión del computador -para extraer información a partir de imágenes y ofrecer soluciones a problemas del mundo real-; machine learning -que describe sistemas inteligentes que mejoran su desempeño a través de la experiencia-; procesamiento del lenguaje natural -para la formulación de mecanismos eficaces para la comunicación entre personas-; sistemas expertos -que simulan el proceso de razonamiento de un experto en un área-; y la robótica -el desarrollo de robots inteligentes capaces de interactuar con su entorno-.

Yasmani Prieto, en tanto, se concentró en algunas aplicaciones beneficiosas, y aquellas cuestionables y que representan desafíos para la sociedad. El académico indicó diversas tecnologías como el Internet de las Cosas (IoT), que han apoyado el avance de la medicina y el cuidado de las personas, acompañando la vida cotidiana y su vez detectando alertas, así como el desarrollo de ambientes inteligentes y el desarrollo de la agricultura inteligente.

A juicio de Prieto, hay episodios cuestionables en el uso de la IA, indicando el ejemplo ampliamente discutido sobre el uso de las redes sociales en la campaña presidencial de 2016 en Estados Unidos, focalizando mensajes para lograr mayor influencia. Otro aspecto discutible es la propiedad intelectual de los productos de la IA generativa, como chat GPT, que a pesar de su efectividad, también puede equivocarse, generar información falsa, y que no sustituye el pensamiento crítico. “Las tecnologías de IA tienen una aplicación extraordinaria, sin embargo hay posibilidades de su mal uso. Hay que identificar las tecnologías que promueven los valores que se defienden», concluyó.

Monseñor Fernando Chomali cerró las ponencias refiriéndose a los aspectos éticos de la IA, que puede hacer un bien inmenso, como también mucho daño. «¿puede ser responsable ética y jurídicamente de sus actos? Un ser humano responde de sus actos, pero no así la IA que no es un sujeto moral, sino que hay que hacer referencia a quien la proyecto». Por otro lado se presentan problemas desde el punto de vista de la tutela de los derechos fundamentales de los ciudadanos.

La privacidad, por ejemplo, se ve vulnerada a través de la gran cantidad de información de cada individuo disponible en la red. La intimidad y la libre circulación es también un derecho propio, no obstante, el teléfono deja la huella de los movimientos de las personas. “Se lesionan derechos, y hay que insistir que detrás de esto hay personas. Esto va a exigir otro tipo de categorías frente a los dilemas que se proponen” inició Monseñor. A su juicio, agregó, se podría pensar en un juramento tecnocrático para aquellas personas que van a manipular la información sin el consentimiento informado de los usuarios.

El escenario exige discernimiento, agregó, no en la línea de negar la ciencia, que permite ampliar el horizonte del bien de las personas, sino en los desafíos que presentan, pues está en juego la persona humana y su dignidad. El Arzobispo indicó que esta tecnología es una oportunidad de repensar la educación, como también obliga a todos a aprender a formarse más, pues la primera complejidad es la precarización de los trabajos más simples.