Ante la actual situación país y la incertidumbre que ello conlleva, muchos han dado cuenta de la presencia o ausencia de resiliencia, tanto personal como colectiva.
El término resiliencia proviene de la física de materiales y hace referencia a la capacidad que tiene un metal de recuperar su forma original después de ser sometido a una fuerza de doblado, estiramiento o compresión. Algo que sin duda resulta muy gráfico, considerando que la Real Academia Española lo define como la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.
Todos alguna vez hemos estado a prueba y con el sentimiento de estar al límite, dudando incluso de nuestras creencias, voluntad y fuerza, sin embargo, no solo superamos esas adversidades, sino que además hemos salido fortalecidos de una extraña forma, que no logramos entender.
Particularmente mi infancia, fue una infancia compleja y por lo mismo, me hizo mucho sentido un libro que llegó a mis manos providencialmente denominado – Los Patitos feos – de Boris Cyrulnik, psiquiatra y neurólogo francés. Cyrulnik en su libro señala una frase muy reveladora “el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” y nos invita a no aislarnos y buscar ayuda. Agrega que la resiliencia es un proceso, haciendo alusión al concepto de metamorfosis y a los mecanismos psicológicos de defensa como la negación, aislamiento, huida hacia delante, intelectualización o creatividad que permiten de nuevo adaptarse adecuadamente al entorno. El autor, enfatiza en esta calidad de proceso interno, y señala que puede ser estudiado y enseñado de tal modo que, el daño causado sea aliviado, hasta el punto de dejar de ser un obstáculo en el desarrollo personal y social de la persona.
Así, la resiliencia es algo que todos podemos desarrollar a lo largo de la vida y las personas que la cultivan se caracterizan por:
En nuestra Comunidad UCSC existen personas resilientes, sin duda y las reconocemos, pero también existen equipos resilientes que nos demuestran cada día que es posible generar los cambios que se necesitan. A veces no es fácil, sin embargo, allí están. Equipos compenetrados, optimistas y creativos, que al igual que el metal mencionado al inicio de esta columna, puede ser “sometido a una fuerza que lo dobla, estira o comprime” pero que igualmente vuelve a su forma original.