El Congreso Internacional de Pastorales Universitarias, promovido por el Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano, se celebró en Roma con la participación del representante de la UCSC, Pbro. Víctor Álvarez. El encuentro se centró en la temática “Hacia una visión poliédrica”, abordando los desafíos que deben llevar adelante las universidades católicas del mundo .
El Padre Álvarez, Director de Pastoral de la Casa de Estudios, formó parte de la delegación chilena en el evento, que concluyó en la audiencia con el Papa Francisco, donde el sumo Pontífice reflexionó sobre las características del poliedro que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él mantienen su originalidad: “El Evangelio se encarna permitiendo que su coralidad resuene de diferentes maneras”.
“Estoy muy agradecido de esta gran oportunidad de haber representado a la Universidad y participado en este Congreso con más de doscientas personas de todos los Continentes, que en el mundo de la Educación Superior acompañan pastoralmente a sus Comunidades y que debe enriquecer sin duda lo que desde la Pastoral podemos animar desde nuestra misión”, señaló el Padre Víctor.
Asimismo, el representante UCSC destacó el llamado del papa a fortalecer la misión de las pastorales Universitarias al interior de las Comunidades, para iluminar el quehacer universitario con la luz del Evangelio y seguir promoviendo el espíritu misionero, de servicio y entrega que debe animar a las universidades católicas, así como la preocupación de entregar una formación integral con un énfasis puesto en el bien común y el compromiso social, para servir mejor a la sociedad desde nuestra Identidad Católica.
“El Papa Francisco nos instó a vivir la misión con tres actitudes: apreciar las diferencias, acompañar con cuidado y actuar con valentía. En educación cuando no se arriesga no hay valentía”. La realidad es compleja y es precisamente esta característica, observa el Pontífice, “la que está en la base de su belleza, porque le permite reverberar la luz con tonos y gradaciones diferentes, según el ángulo de cada faz”. De ahí la exhortación a apreciar las diferencias en el servicio formativo: “Tener una visión poliédrica implica entrenar los ojos para captar y apreciar todos estos matices”.
La riqueza de las diferencias
Según Francisco, este acompañamiento significa cuidar lo que crece en silencio: “Si eliminas los bordes y borras las sombras de un sólido geométrico -advierte-, lo reduces a una figura plana, sin profundidad ni espesor. Pero si se lo valora sabiamente por lo que es, se puede hacer de él una obra de arte”. Del mismo modo que de las tinieblas del caos, Dios creó el mundo, nosotros podemos aprender a sacar lo mejor de las criaturas a partir de lo que hay de más frágil e imperfecto en ellas.
Ante los desafíos formativos que encuentran cada día, en contacto con personas, culturas, situaciones, afectos y pensamientos tan diferentes y a veces problemáticos, no se desanimen; ocúpense de ellos, sin buscar resultados inmediatos, pero con la esperanza cierta de que, cuando acompañan a los jóvenes con cercanía y cuando rezan por ellos, florecen maravillas. Pero no florecen de la uniformidad, no. Florecen precisamente de las diferencias, que son su riqueza.