Las emergencias socioambientales, como los incendios que continúan afectando diversas comunas de las regiones del Biobío y Ñuble, generan altos niveles de estrés, incertidumbre y sobrecarga emocional en las comunidades damnificadas. Sin embargo, estos impactos no se distribuyen de manera equitativa. En contextos de crisis, las mujeres y personas en roles de cuidado suelen enfrentar una mayor carga física, mental y emocional, producto de la división sexual del trabajo y la responsabilización social del cuidado.
Incorporar una perspectiva de género en la gestión de emergencias permite visibilizar estas desigualdades y promover respuestas más justas, humanas y sostenibles, especialmente en el ámbito de la salud mental. En este marco, la psicóloga especialista en género de la Dirección de Género de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Camila González, entrega una serie de recomendaciones orientadas al autocuidado y al cuidado colectivo en escenarios de alta exigencia emocional.
“Estos eventos críticos, impactan de manera diferenciada a la población. En estos contextos, las tareas de cuidado se intensifican en un escenario de dificultad para acceder a apoyos institucionales, lo que incrementa el riesgo de estrés crónico y agotamiento emocional. Las mujeres cumplen un rol central en la reorganización cotidiana post emergencia, asumiendo el cuidado de personas desplazadas, la gestión de ayuda y la reconstrucción emocional y material del hogar, lo que se traduce en una mayor carga física, emocional y mental durante y después de la crisis”, explicó Camila González.
Esta sobrecarga sostenida puede manifestarse en síntomas como irritabilidad, alteraciones del sueño, agotamiento emocional y estados de ánimo depresivos, especialmente cuando las tareas de cuidado se desarrollan en condiciones de escaso apoyo institucional.
Frente a escenarios de alta activación emocional, se recomienda contar con herramientas simples y accesibles de regulación emocional, como realizar pausas breves de respiración consciente, conectar con el cuerpo mediante ejercicios de anclaje o movimiento, nombrar las emociones sin juzgarlas y focalizar la atención en el entorno para volver al momento presente. Estas acciones contribuyen a disminuir la sobrecarga emocional y recuperar estabilidad.
Desde esta mirada, el autocuidado en contextos de emergencia no responde a estándares ideales, sino a la preservación del bienestar psicológico básico. Priorizar la alimentación, la hidratación y el descanso, reducir la autoexigencia y reconocer que descansar también es una forma de cuidar a otras y otros son prácticas fundamentales para sostener el cuidado en el tiempo.
“Estas experiencias están profundamente marcadas por aspectos estructurales, como la división sexual del trabajo, la responsabilización social del cuidado y la precarización de la vida cotidiana que se profundiza en escenarios de emergencia. A ello se suman mandatos de género que refuerzan la autoexigencia, la postergación de las propias necesidades y la dificultad para pedir ayuda. En este marco, promover el bienestar psicológico de mujeres cuidadoras no es solo una acción clínica o preventiva, sino una estrategia de reparación psicosocial y justicia social”, agregó la especialista.
Asimismo, González enfatizó que el autocuidado adquiere un sentido situado y colectivo, basado en acciones posibles como reconocer los propios límites, priorizar necesidades básicas, compartir el cuidado, habilitar espacios de pausa y validar el malestar como una respuesta comprensible ante la emergencia.
En este sentido, la psicóloga subrayó que el cuidado no debe recaer en una sola persona. Compartir tareas, apoyarse en redes comunitarias, validar el malestar propio y el de otras personas y promover la corresponsabilidad son estrategias que fortalecen el bienestar psicológico y la cohesión social. Establecer límites, expresar necesidades de apoyo de forma clara y reconocer el agotamiento como una señal de alerta y no como un fracaso personal son prácticas esenciales de autocuidado.
Cuando el agotamiento físico o emocional se mantiene en el tiempo, existen alteraciones persistentes del sueño, la alimentación o el estado de ánimo, o las tareas de cuidado y autocuidado se vuelven emocional o físicamente insostenibles, es importante buscar apoyo profesional. Solicitar ayuda a tiempo es una forma de protección.
Finalmente, recalcó la importancia de identificar y acudir a redes y servicios de apoyo en salud mental disponibles en contextos de emergencia, entre ellos Salud Responde, la Línea de Violencia contra la Mujer, Fono Mayor, la Asociación Chilena de Seguridad, PsiConecta y el Centro de Referencia de Salud Mental de Concepción, entre otros dispositivos de atención y contención emocional.