En el Día Internacional de las Aves Migratorias, el experto de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Sergio Figueroa, explicó cómo la calidad ambiental de los ecosistemas locales incide en estos procesos y advirtió sobre los desafíos que enfrenta la Región del Biobío para su conservación.
Cada año, millones de aves migratorias emprenden extensos viajes desde sus zonas de reproducción hacia áreas de alimentación y descanso, en un proceso considerado una de las grandes maravillas del mundo natural. En este contexto, la Región del Biobío, gracias a su biodiversidad, se posiciona como un ecosistema clave e irremplazable para el tránsito de estas especies.
Para el biólogo marino del Centro Regional de Estudios Ambientales (CREA) de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Sergio Figueroa, el monitoreo ambiental es fundamental para asegurar condiciones favorables para este evento. “La calidad del agua es el pilar que sostiene la conectividad biológica de las aves migratorias. Estos ecosistemas funcionan como estaciones de servicio críticas, donde las aves deben recuperar energía para continuar trayectos de miles de kilómetros. Un cuerpo de agua en condiciones óptimas garantiza la abundancia de invertebrados, peces y plantas con alto valor nutricional. Si el agua está degradada, no solo disminuye el alimento, sino que las aves pueden verse expuestas a patógenos o toxinas que comprometen su sistema inmunológico justo en el momento de mayor exigencia física”, explicó.
En este escenario, destacan espacios como la desembocadura del Río Biobío y los humedales Rocuant-Andalién, Tubul-Raqui, Lenga y Boca Maule, que cumplen un rol fundamental como zonas de refugio y alimentación durante estas rutas migratorias.
“La degradación de los ecosistemas acuáticos actúa como una ruptura en un ‘puente’ continental. Cuando un humedal pierde su calidad ambiental, se generan efectos como la fragmentación de la ruta, obligando a las aves a desviarse hacia sitios subóptimos, lo que aumenta el gasto energético y la exposición a depredadores. Si el sitio de parada no provee la energía necesaria, puede producirse mortalidad por desnutrición y un efecto acumulativo que se manifiesta meses después en otras zonas, afectando la estabilidad poblacional a escala global y provocando la pérdida de sitios de nidificación y reproducción”, detalló.
En la Región del Biobío arriban especies como el zarapito, pilpilén, gaviotín elegante, pitotoy chico, halcón peregrino, pelícano, gaviota de Franklin, entre otras. Estas aves migratorias cumplen un rol clave en los ecosistemas, aportando al control biológico de plagas, la dispersión de semillas y el reciclaje de nutrientes.
Según el especialista del CREA UCSC, evaluar la calidad de los ecosistemas es esencial para propiciar un adecuado proceso de migración en las aves. Para ello se deben analizar indicadores relacionados con la capacidad de carga del hábitat:
Oxígeno Disuelto (OD): Vital para la supervivencia de la fauna acuática. Los niveles bajos provocan eventos de mortalidad masiva de peces y macroinvertebrados, eliminando la fuente proteica de las aves.
Nutrientes (Nitrógeno y Fósforo): Su exceso genera eutrofización, un proceso que dispara el crecimiento de algas, agota el oxígeno y altera la estructura del humedal.
Turbidez: La claridad del agua es fundamental para las aves que cazan por contacto visual. Un agua turbia impide que especies como los gaviotines o garzas detecten a sus presas.
Metales Pesados y Compuestos Orgánicos: Estos parámetros son críticos al ser persistentes, y se bioacumulan en la cadena trófica, lo que genera efectos fisiológicos como por ejemplo el éxito reproductivo de las aves migratorias.
Si bien existe amplia evidencia científica sobre la relevancia de estos ecosistemas y su cuidado, aún persisten amenazas que ponen en riesgo su equilibrio y, por tanto, fenómenos como la migración de aves. “La Región del Biobío, al albergar sitios de importancia internacional como el sistema de humedales Rocuant-Andalién y la desembocadura del río Biobío, enfrenta retos urgentes como el relleno de humedales y la impermeabilización del suelo, procesos que alteran los regímenes hídricos y aumentan la carga de contaminantes por escorrentía”, señaló.
Asimismo, el especialista advirtió sobre brechas en el monitoreo ambiental continuo, especialmente en descargas industriales y aguas servidas, lo que dificulta una respuesta oportuna ante incidentes. A esto se suman los efectos del cambio climático. La disminución en la disponibilidad de agua dulce y la intrusión salina están modificando la composición química de los estuarios, lo que impacta directamente en la biodiversidad que estos ecosistemas pueden sostener.
En tanto, en materia de gobernanza, el experto destacó la necesidad de avanzar hacia una mayor integración entre la planificación territorial y la protección de la biodiversidad, con medidas específicas que resguarden estos ecosistemas estratégicos.
La migración de aves es un fenómeno global que conecta continentes, donde millones de especies recorren enormes distancias en busca de alimento y reproducción. Su continuidad depende directamente de la calidad ambiental de los ecosistemas y, en consecuencia, de las decisiones humanas que hoy definen su futuro.