El calor en Colicheo y el Progreso, localidades de la comuna de Cabrero, se mezcla con los sonidos de las aves, y el canto alegre de un grupo de jóvenes que camina por vías de tierra poco transitadas de estos sectores, donde cerca de 30 estudiantes de la UCSC están realizando las Misiones de Verano 2024 de la Pastoral de la Universidad.
Entre el 4 y el 14 de enero, los jóvenes misioneros cumplen con dedicación y alegría, un completo programa de actividades con la comunidad de este lugar que cuenta con una capilla, cuyo nombre es San Luis Gonzaga que, para algunos vecinos, especialmente los de mayor edad, les queda lejana. Por ello, los voluntarios realizan visitas “puerta a puerta”, son los encargados de trasladar a la Virgen Peregrina, y se reúnen con las familias en talleres, momentos de oración, y ayuda en laborales cotidianas.
Los voluntarios son guiados por la Pastoral de la Universidad, que les acompaña de manera permanente. En medio de su quehacer, recibieron también la visita de Monseñor Bernardo Álvarez, Administrador Diocesano de la Arquidiócesis de Concepción, y Pro Gran Canciller de la UCSC, quien bendijo el hogar de una de las personas del lugar, y presidió la Eucaristía.
Monseñor Bernardo Álvarez indicó que está en el sello identitario de la Universidad el movilizar a los jóvenes para involucrarse con las comunidades. “Hemos visto que hay un bonito encuentro en la fe. Ellos viven profundamente esta dimensión, acercándose a las personas, en sus propios hogares, quizás renovando o atrayendo a esta dimensión también, participando en los talleres, en la escuela, en la capilla, celebrando los sacramentos” destacó, agregando que la Universidad no solo es una oportunidad de adquirir nuevo conocimiento o desarrollar una profesión, sino que entrega una dimensión de servicio, tan propia del carisma de una Universidad Católica.
Catalina Henríquez, estudiante de Ingeniería Civil Geológica, participa por segunda vez en las Misiones de Verano, e indica que es muy claro el impacto que genera misionar en las comunidades, no solo en las personas que visitan y acompañan -porque muchas veces están muy solos-, sino también en los mismos voluntarios. “Nos hace ser más conscientes de nuestra realidad y nos ayuda mucho también para nuestra formación profesional”.
Y eso es lo que vive la comunidad. Fresia Molinés, vecina de Colicheo, valoró la presencia de los jóvenes. A su juicio, los adultos se “adormecen” con mucha facilidad, y los voluntarios les levantan su religión, su fe, y los apoyan ello. “Podrían existir en todas las comunidades jóvenes como ellos, para que nos ayuden, porque en las comunidades muchas veces nos falta ese apoyo de personas que nos motiven a que sigamos adelante” explicó.