La alimentación de los niños, niñas y adolescentes con trastorno del espectro autista es una preocupación constante en las familias, siendo frecuente los problemas de la conducta alimentaria, lo que muchas veces impacta en todo el grupo familiar. Esa fue una situación que identificaron académicas de la carrera de Nutrición y Dietética de la UCSC, quienes desarrollaron el taller “TEApoyamos para una vida saludable”
La actividad, liderada por Mirna Muñoz y Tania Grant, académicas del Departamento de Ciencias Básicas de la Facultad de Medicina, con el apoyo del equipo de Prosalud, a través de la académica Jaqueline Ibarra, se ejecutó a través del Fondo Concursable de Vinculación 2023.
Se trató de un taller grupal, que congregó a familias de niños, niñas y adolescentes TEA para abordar juntos temas como recetas saludables, evaluación nutricional y aprendizaje en torno a la alimentación.
“La actividad se realizó en colaboración con la agrupación ‘Aprendiendo con Amor’, de Penco, dedicada al apoyo de niñas y niños del espectro autista, con el objetivo de mejorar su calidad de vida y la de sus familias. Esto surgió de los nexos con Sernameg, donde había mamás con hijos con TEA, quienes nos manifestaron el interés de ser asesoradas desde el punto de vista nutricional. Cuando salieron los fondos concursables, nos volvimos a contactar, conversamos y levantamos un diagnóstico y las necesidades de contar con recomendaciones nutricionales para mejorar la alimentación de sus niños y niñas. Co-creamos talleres online y presencial”, explicó Mirna Muñoz.
Alimentación
De acuerdo a la académica, está descrito que los niños del espectro autista tienden a ser selectivos con la alimentación, lo que se explica por motivos sensorial, lo que los hace ser más sensibles a ciertos colores, olores, sabores y texturas.
“Ahora bien, la alimentación en general es un proceso complejo que se disfruta, pero para las personas del espectro autista es más difícil y eso afecta al grupo familiar porque muchas veces hay que hacerles comidas especiales o tener una alimentación restringida en variedad, lo que puede llevar a trastornos alimenticios. Para las familias es un desafío el lograr diversificar la alimentación, pero lograrlo es altamente beneficioso, y en estos talleres lo que hicimos fue trabajar técnicas para incorporar alimentos que los niños y niñas no consumían y que son esenciales para su buen desarrollo. Sin embargo, esta actividad también impactó positivamente en el grupo familiar porque no todos tenían buenas conductas en la alimentación, y esto permitió aprender juntos en familia”, añadió.
Para Carolina Silva, una de las participantes, junto a su hijo Ignacio Pérez, de 15 años, el taller logró un avance desconocido hasta ahora. “Veníamos muy nerviosos, porque él no transa en probar cosas diferentes y tampoco le gusta ensuciar sus manos. Entonces cuando llegamos y vi los ingredientes, pensé que no iba a funcionar. Pero le dieron la libertad de elegir lo que él quisiera preparar, de acuerdo a los materiales con los que sentía más afinidad. En ningún momento se frustró, sino que participó y se atrevió a probar cosas que no son de su regular alimentación e incluso fue probando las preparaciones de sus compañeros. Creo que lo que ayudó a motivarse fue que se sintió protegido, porque pudo estar presente su papá pudiera y su hermana pequeña, además de sus compañeros de la agrupación”.
Francisco Troncoso, 18 años, era el adolescente más grande del grupo y, a pesar de su temor inicial, disfrutó la actividad, donde aprendió a preparar cocadas, “nunca había tenido la oportunidad de cocinar con tantos ingredientes, para mí fue una buena experiencia. Me gustaría volver a preparar cocadas en la casa”.
El taller contó con el apoyo de estudiantes de la carrera de Nutrición y Dietética, quienes pusieron en práctica sus conocimientos, pero también pudieron desarrollar sus habilidades blandas. Una de ellas fue Camila Nail, de cuarto año, quien sostuvo que “fue una experiencia enriquecedora desde el primer momento, tener la oportunidad de compartir con niños y adolescentes del espectro autista nos hizo salir de nuestra zona de confort, lo que es muy bueno para nosotras como estudiantes para poder ir perfeccionándonos y preparándonos para nuestra vida profesional”.