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Vacaciones con historia: entre tiempo libre y patrimonio

Cuando se aproxima el verano, el concepto de cultura parece migrar de su esfera habitual hacia el reino del turismo y el ocio. El calor estival, consu máge indulgencia, relaja las con luctas más metódicas y serias, invitándonos a redescubrir el placer de nuestro patrimonio natural y cultural.

En 1931, bajo el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, se aprobó el Código del Trabajo queconsagróel derecho legal de las vacaciones con goce de sueldopara todos los trabajadores de Chile. Con ello, las vacaciones deveranodejaron deser privilegio de unos pocos para conver

tirse en un derecho universal, Este hito transformó la vida laboral, pero también nuestras formas de habitar el tiempo libre y el encuentro con la cultura.

Es en verano cuando las artes, las tradiciones y los patrimonios cobran una vida renovada. En cadarincón del país, desde los pueblos costeros hasta las alturas de la montaña, la creatividad florece como nunca antes. Los eventos culturales se multiplican, enriqueciendo las agendas de incluso los pueblos más remotos. Las fiestas costumbristas, un tesoro de nuestra cultura inmaterial, nosconectan con nuestras raíces y nos recuerdan que la tradición nosolose preserva, sino que tambiénse vive y disfruta.

TIEMPO DE PATRIMONIO Entre estos hitos culturales, destacan en Concepción la Feria Internacional de Arte Popular, la mayor feria artesanal de Chile, instalada desde 1964 cada vera. no, y las icónicas Escuelas de Ve Tano de la UdeC. En las comunas de la región del Biobío, la Fiesta

del Choclo en Hualqui, la Fiesta dela Papa Paicaviana en Cañete y la Trilla a Yegua Suelta en Yumbel son solo algunos ejemplos de loseventosque reúnen tradición, excelencia y una notable partici. pación cultural.

La magia de estas celebraciones radica, en gran medida, en el tiempo librequeel veranoregala. Durante esta estación, el consu: ‘mocultural crece de manera sig. nificativa: cines y teatros al aire libre, ferias del libro, visitas a Parques y Monumentos Nacionales, museos y galerías dearteoel sim: ple placerdeleerunlibrojunto al mar.En verano, la cultura adquie

e una presencia que parece diluirse en otras estaciones. Tal vez,si redujéramos el tiempo en la oficina a lo largo del año, podríamossostenereste esplendor cultural de manera continua, mejorando así tanto al sector cultural como nuestra propiacalidad de vida.

¿Esentoncesel verano la ver dadera estación delos patrimo

nios? Todo apuntaa quesí, pues los turistas, al aproximarse a muestra historia a través del pa trimonio, reavivan su importancia. Sin embargo, también traenconsigo un desafío: el riesgo de daños irreparables. Es en cada verano cuando aumentan lasdenuncias relacionadas ain cendios y vandalismo a nuestro patrimonio natural y cultural.

Tal vez las campañas de preservación y difusión del patrimonio, tan presentes en mayo, deberían encontrar su verdadero ecoenlos meses estivales, cuando la afluencia y el interés son mayores.

En el calor del verano, la me. moría se convierte en fiesta, y el patrimonio, en un puente que uneel pasado con el presente.


Fuente: El Sur